La novia de la música

24 09 2011

En su casa se respira música. En su habitación flotan armoniosamente las partituras, panderetas, el cello y las guitarras y, en su voz, se inhala ternura y dedicación. Inició su carrera musical hace 18 años en una audición de coro. Ha formado parte de las bandas Sándalo y Lunazul y colaborado con reconocidos grupos como Frágil y Líbido, luego decidió trabajar como solista y musicalizando obras de teatro. Se confiesa tímida en los escenarios, amante de la música clásica, no quiere casarse con nadie más que con la música y la fama nunca le ha interesado. Actualmente dirige dos coros y su dulce y melodiosa voz ha sido plasmada en dos discos propios “Básica” (2007) y “Voy” (2011).

*Por Diana Hidalgo

Magaly Luque creció rodeada de las canciones, los timbales y las óperas. La melomanía de sus padres contribuyó sin proponérselo a su amor y pasión por la música. Esa palabra que es y conlleva tantas cosas y que, para ella, es cartarsis, intimidad y su manera de decir las cosas que a veces no puede decir.

-En mi casa la música siempre estaba presente, a mis padres les gusta mucho. Escuchaban zarzuelas, música cubana, “Los morochucos”, “Fiesta criolla”. Todo el día cantaban y me llevaban a la ópera. No sé si es exactamente por eso que yo decidí que quería dedicarme a esto toda mi vida. En un comienzo yo quería estudiar diseño gráfico pero era muy caro y éramos cuatro hermanas. Entonces, llegué al coro un poco de casualidad y ahí dije: aquí es donde quiero estar, la música es mi lugar.

- Nunca me he conectado mucho con la música que estaba de moda, desde chica me gustaba mucho “Queen” por su estilo vanguardista y su relación con la música lírica, también los “Beach boys” y “Beatles”. Pero siempre me ha gustado mucho más la música clásica, Bach y Beethoven son mis ídolos. Inspiran y han inspirado mi música.

-No soy de las personas que dicen “yo hago una canción en 40 minutos”. A mí me gusta tomarme mi tiempo y hacerlo realmente bien. A veces una buena película o un buen libro me inspiran para comenzar a hacer mis letras. Me gusta mucho leer a Alejandra Pizarnick y Margarite Yourcenar. Alguna vez musicalicé algunos poemas de Pizarnick, pero como una cosa personal.

Sus experiencias en grupos musicales y colaboraciones han sido gratificantes e importantes para su carrera pero reconoce que prefiere trabajar sola, escribir sus letras y manejar sus tiempos.

-En “Sándalo” todas éramos amigas, todas escribíamos las canciones. Era un proyecto bien experimental, ninguna tenía mucha experiencia, estábamos aprendiendo juntas. Cinco chicas que tocaban canciones un poco fresas (risas). Yo era la bajista y también hacía coros. Nos divertimos mucho en esos tres años, le tenía mucho cariño a la banda. Alguna vez “La sarita” cuando recién estaba comenzando me llamó para formar parte de su grupo pero no lo hice por “Sándalo”. Nos fue bien pero tuvimos la mala suerte de que nos tocara un muy mal productor.

-“Lunazul” lo formé con mis compañeros del conservatorio, éramos un montón de gente, ocho en total. Definitivamente era un grupo más consolidado musicalmente. Ahí yo escribía todas las canciones, cantaba y tocaba el bajo. Fueron cuatro años muy bonitos y de hecho, algunos de los miembros del grupo siguen tocando conmigo en mis presentaciones como solista, los valoro mucho.

-Disfruté mucho colaborando con “Frágil”, fue una experiencia mostra, ellos son muy sencillos. Con Pelo (Madueño) también fue una experiencia muy interesante, me gustó mucho. Con “Líbido” creo que no tuvimos tanta conexión pero igual salió bien. Con “Daniel F” también todo muy bien, incluso ahora estoy en un proyecto con él que está mostro y que saldrá pronto.

-Creo que la dinámica musical en grupo y como solista es más o menos parecida pero me gusta más trabajar como solista. Prefiero yo sola llevar el control de mis canciones, mis acordes. Funciono mejor como solista.

Su versatilidad como compositora y cantante la ha llevado a musicalizar hermosas piezas de teatro, hacer una intensa canción para una película sobre terrorismo e, incluso, ponerle voz a un puercoespín y un “perro calato”, en obras para niños. Toda una caja de sorpresas.

-Cuando me propusieron hacer música para teatro me asustó un poco porque nunca lo había hecho. La primera experiencia en esto fue en el 2001, para una obra que escribió Jaime Nieto que se llamaba “Tinieblas”, era un poco sórdida y con una historia rarísima (risas), pero me gustó hacerlo. Luego musicalicé una obra de danza con Morella Petrozzi y luego obras dirigidas por Jorge Villanueva como “Momo”, “El sueño de la palomas”, “El profeta del silencio”, “Cascanueces”. Me ha gustado tanto este tipo de composiciones que ahora tengo planeado sacar un disco con una recopilación de todas mis piezas para teatro, no quiero que se pierdan en el tiempo. Es algo en lo que estoy trabajando y de todas maneras quiero que se concrete.

-Con Bruno Ortiz hice una canción para la película sobre terrorismo “Rehenes”, la canción se llama “Amén” y está en mi último disco, una experiencia interesante. Hacer las obras para niños me ha gustado mucho, ese proyecto lo hago con dos de mis amigas de “Sándalo” hago la voz de un gracioso puercoespín y hasta un perro calato, imagínate (risas), es muy divertido.

Para Magaly su compromiso con la música es muy importante pero la fama nunca la ha nublado ni le ha interesado. Su sencillez, algo de timidez y perseverancia la caracterizan y sus proyectos los hace con calma pero con mucho empeño.

-No me considero un rayito de sol en escena, la verdad soy bastante más tímida de lo que parece. El público me pone media nerviosa, me pongo heladísima y a veces no puedo tocar. Me tengo que tomar una anisado antes de empezar (risas). Al final es todo muy bonito, la música es mi pasión, mi estilo de vida y creo que la voz humana es el instrumento musical por excelencia.

-Ahora estoy dirigiendo dos coros, me apasiona hacerlo y sobre todo, cuando percibo el compromiso de mis alumnos. Tengo varios proyectos y estoy muy comprometida en ellos, pienso que cuando uno se compromete en algo lo debe hacer con pelos y todo. No soy de las mujeres que quiere casarse y tener hijos. La verdad tengo una relación muy bonita desde hace diez años pero no me quiero casar, no es lo mío (risas). La mayor parte de mi tiempo se lo dedico a la música. Tengo la idea de sacar un disco cada año.





Una vida de arte

24 09 2011

Bordea los 70 años y lleva a cuestas toda una vida comprometida con el arte. Chiarella es compositor, actor y director. Está convencido de que uno en la vida tiene que hacer lo que le gusta para ser feliz. Se graduó de abogado, ejerció el periodismo y la publicidad y hasta hizo taxi en los años más difíciles para poder vivir de su pasión. Almorzó con Fidel Castro, entrevistó a Benedetti en un avión y tiene pánico de olvidarse de los guiones de teatro. Un artista inolvidable.

*Por Diana Hidalgo

Jorge Chiarella tenía cuatro años cuando cogió su primera armónica. Un juguete colorido y de plástico que le regaló su madre y que le permitió hacer sus primeros sonidos musicales y enamorarse de la música. “En el fondo, quería ser músico”, sostiene con seguridad. A los 16 años entró al Conservatorio gracias a su perseverancia, luego recibió dos meses de clases particulares. Todo ello, como dice, lo ayudó a manejar su creatividad.

Paralelamente a ello entró al teatro de la PUCP. Estaba en la facultad de letras y humanidades estudiando derecho. “Yo sabía que lo mío iba por el lado del arte y las humanidades”. Recuerda con cariño y agradecimiento cómo su maestro Ricardo Blume les enseñaba todo y los apoyaba. “Éramos muchos jóvenes artistas entre los que estaba Gustavo Bueno”. Sobre la base este taller de teatro se fundó oficialmente el TUC.

La primera obra que montaron fue “La Tinaja” de Luiggi Pirandello. Obra que unos años después, cuando Jorge tenía 18 dirigió en el colegio Matter Purissima “No podía creer que me hayan contratado como director siendo tan joven”. Para ese entonces, ya tenía algunos logros artísticos como ser el compositor oficial de los montajes de la TUC y haber quedado en cuarto lugar en un concurso de armónica en toda América del sur. Hasta ese entonces, seguramente ni se imaginaba que, años después se estrenarían sus composiciones en la Orquesta de la Sinfónica de Lima. En el 2008 se estrenaron “Sweet para divertirse” y “Encuentro en marinera”.

Pero su primer papel no fue en esa obra sino un tiempo antes, cuando estaba en 5to de secundaria en una obra patriótica sobre la guerra con Chile. Han pasado décadas y aún recuerda a carcajadas todas las líneas de ese papel. “Yo hacía dos papeles en verdad, hacía del cabo Maldonado, que eran tres líneas y luego de un muerto chileno”, estalla de risa. Años después actuaría no sólo sobre tablas sino en cine nacional e internacional. En películas de Francisco Lombardi y en la conocida película “Diarios de motocicleta” de Walter Salles.

Chiarella reconoce haber hecho de todo para poder sacar adelante su pasión. Del derecho y del periodismo se ha llevado muy buenas recuerdos. “El derecho, aunque parezca mentira, me ha servido mucho para la interpretación de los textos de teatro, porque el teatro no está en el texto sino en el subtexto”. Nunca lo ejerció pero a pesar de ello hace poco dictó un curso de expresión oral par abogados.
En 25 años de periodista cultural y de colaborador para El Comercio y la revista Oiga ha tenido la oportunidad de realizar muchísimas entrevistas que ha disfrutado y de las cuales ha aprendido mucho. Resalta una entrevista sobre teatro que le hizo a Julio Ramón Ribeyro y una entrevista a Mario Benedetti en un avión durante casi 7 horas. También, por supuesto las múltiples entrevistas que le hizo a Peter Brook, el director más influyente del teatro contemporáneo. Y, claro, cómo olvidarse de cuando cenó con Fidel Castro.

Ha salido en comerciales, hecho crítica de televisión, telenovelas y, cuando las cosas no iban tan bien, incursionó en la publicidad y hasta hizo de taxista durante los años ochenta. “No quería morirme sin decir que yo he vivido del teatro”. Ya no quería hacer telenovelas y se tuvo que apoyar del taxi para poder sacar adelante a su familia y seguir viviendo de lo que amaba hacer.

A la publicidad llegó como quien no quiere la cosa cuando había época de vacas flacas. Primero estuvo 4 años en la agencia de un antiguo alumno suyo y hace 16 años formó “Cuarzo”, agencia que maneja hasta el día de hoy y que ha hecho míticos comerciales como el de Bismutol, Gingisona y Nastiflú.

En paralelo a estos múltiples oficios siempre estuvo ligado al teatro, el cual dice, le ha dado las mayores satisfacciones de su vida. Por él conoció a la dramaturga Celeste Viale, quien fue su alumna en el TUC y, que tiempo después, se convirtió en su esposa y madre de sus dos hijos. Junto a ella formó el grupo de teatro “Alondra”, con el cual ganó el premio nacional de teatro “Ricardo Roca Rey” en 1989 por dirección escénica. Tras doce años de “Alondra” funda otro grupo de teatro llamado “Aranwa” que funciona hasta el día de hoy como centro de formación teatral y también como sala de presentación de obras.

Hoy tiene muchos proyectos. Uno de los principales es hacer una sala de teatro propia que albergue 150 personas a la cual bautizará con el nombre de su maestro: Ricardo Blume. El local está comprado y los planos listos. Sonríe con emoción al hablar de ello, luego mira el afiche que le muestro de “Pequeñas interrupciones”, obra que montó hasta hace pocas semanas junto a su esposa Celeste y bajo la dirección de su hijo Mateo Chiarella. “Es un placer trabajar con ellos, ha sido unos papeles más difíciles que me ha tocado interpretar pero me he divertido mucho haciéndolo”.

Con todos sus años de experiencia se atreve a decir que se puede vivir del arte y del teatro. “Pretendo creer que se puede pero hay que luchar”. Es y ha sido feliz con el teatro durante toda su vida. “Cuando uno hace lo que le gusta nada es difícil y todo es placentero, uno tiene que dedicarse a lo que le gusta, sino no es feliz”. Tras una larga conversación amena apaga las luces de la sala por hoy y dice que el teatro ayuda a entender mejor al ser humano.





El Cronopio mayor en su si-cumpleaños

26 08 2011

Vos sabés que gracias a tí terminé de enamorarme de la literatura. Tus historias y personajes me hicieron despertar y ver todas las existencias y asuntos del mundo como nunca antes. La literatura estaría un poco vacía y sería menos divertida sin tu aportes y tus entrañables personajes. Seguiré diciendo que debiste haberte ganado ese nobel que nunca te dieron. Gracias por haber escrito todas esas cosas. Nunca serás “Un escritor aficionado”, como dijiste en una de tus últimas entrevistas. Sin duda, todos los cronopios celebramos hoy tu cumpleaños buscando alguna que otra rayuela en el cielo gris o recordando tus juegos lúdicos y frases excepcionales. Hoy me quedo con esta:

“Yo creo que desde muy pequeño mi desdicha y mi dicha al mismo tiempo fue el no aceptar las cosas como dadas. A mí no me bastaba con que me dijeran que eso era una mesa, o que la palabra “madre” era la palabra “madre” y ahí se acaba todo. Al contrario, en el objeto mesa y en la palabra madre empezaba para mi un itinerario misterioso que a veces llegaba a franquear y en el que a veces me estrellaba” (JC)

Y, de paso, dos fragmentos de dos cosas que he leído últimamente de él:

(FRAGMENTO DE “DIARIO DE ANDRÉS FAVA”)
Me revientan estos mocos mentales. También los japoneses se suenan en papeles. “Diario de vida”, vida de diario. Pobre alma, acabarás hablando journalese. Ya lo haces a ratos.
Un tanguito alentador:
“Seguí no te pares, Sabé disimular —”
Y este verso de Eduardo Lozano:
Mi corazón, copia de musgo.
Lo que se da en llamar “clásico” es siempre cierto producto logrado con el sacrificio de la verdad a la belleza.
Esperando un ómnibus en Chacarita. Tormenta, cielo bajo sobre el cementerio.
Cumpliendo la cola me quedo largo rato mirando la copa de los árboles que preceden el peristilo. Una línea continua de copas (el cielo gris la ahonda y purifica), ondulando graciosa como al borde de las nubes. En lo alto del peristilo el ángel enorme se cierne entre los perfiles de árbol; parece como si apoyara el pie sobre las hojas. Un segundo de belleza perfecta, luego gritos, trepar al ómnibus, córranse más atrás, de quince o de diez, la vida. Adiós, hermosos, un día descansaré ceñido por ese encaje delicado que me protegerá por siempre de los ómnibus.
(La tierna idiotez de algunas frases. Suspiros verbales.)

(FRAGMENTO DE “UN TAL LUCAS”)
Lucas, sus luchas con la hidra
Ahora que se va poniendo viejo se da cuenta de que no es fácil matarla.
Ser una hidra es fácil pero matarla no, porque si bien hay que matar a la
hidra cortándole sus numerosas cabezas (de siete a nueve según los autores o
bestiarios consultables), es preciso dejarle por lo menos una, puesto que la hidra
es el mismo Lucas y lo que él quisiera es salir de la hidra pero quedarse en Lucas,
pasar de lo poli a lo unicéfalo. Ahí te quiero ver, dice Lucas envidiándolo a
Heracles que nunca tuvo tales problemas con la hidra y que después de entrarle
a mandoble limpio la dejó como una vistosa fuente de la que brotaban siete o
nueve juegos de sangre. Una cosa es matar a la hidra y otra ser esa hidra que
alguna vez fue solamente Lucas y quisiera volver a serlo. Por ejemplo, le das un
tajo en la cabeza que colecciona discos, y le das otro en la que invariablemente
pone la pipa del lado izquierdo del escritorio y el vaso con los lápices de fieltro a
la derecha y un poco atrás. Se trata ahora de apreciar los resultados.
Hm, algo se ha conseguido, dos cabezas menos ponen un tanto en crisis a
las restantes, que agitadamente piensan y piensan frente al luctuoso fato. O sea:
por un rato al menos deja de ser obsesiva esa necesidad urgente de completar la
serie de los madrigales de Gesualdo, príncipe de Venosa (a Lucas le faltan dos
discos de la serie, parece que están agotados y que no se reeditarán, y eso le
estropea la presencia de los otros discos. Muera de limpio tajo la cabeza que así
piensa y desea y carcome). Además es inquietantemente novedoso que al ir a
tomar la pipa se descubra que no está en su sitio. Aprovechemos esta voluntad
de desorden y tajo ahí nomás a esa cabeza amiga del encierro, del sillón de
lectura al lado de la lámpara, del scotch a las seis y media con dos cubitos y
poca soda, de los libros y revistas apilados por orden de prioridad.
Pero es muy difícil matar a la hidra y volver a Lucas, él lo siente ya en mitad
de la cruenta batalla. Para empezar la está describiendo en una hoja de papel
que sacó del segundo cajón de la derecha del escritorio, cuando en realidad hay
papel a la vista y por todos lados, pero no señor, el ritual es ése y no hablemos de
la lámpara extensible italiana cuatro posiciones cien vatios colocada cual grúa
sobre obra en construcción y delicadísimamente equilibrada para que el haz de
luz etcétera. Tajo fulgurante a esa cabeza escriba egipcio sentado. Una menos,
uf. Lucas está acercándose a sí mismo, la cosa empieza a pintar bien. Nunca
llegará a saber cuántas cabezas le falta cortar porque suena el teléfono y es
Claudine que habla de ir co-rrien-do al cine donde pasan una de Woody Allen.
Por lo visto Lucas no ha cortado las cabezas en el orden ontológico que
correspondía puesto que su primera reacción es no, de ninguna manera,
Claudine hierve como un cangrejito del otro lado, Woody Allen Woody Allen, y
Lucas nena, no me apurés si me querés sacar bueno, vos te pensas que yo puedo
bajarme de esta pugna chorreante de plasma y factor Rhesus solamente porque
a vos te da el Woody Woody, comprendé que hay valores y valores. Cuando del
otro lado dejan caer el Annapurna en forma de receptor en la horquilla, Lucas
comprende que le hubiera convenido matar primero la cabeza que ordena,
acata y jerarquiza el tiempo, tal vez así todo se hubiera aflojado de golpe y
entonces pipa Claudine lápices de fieltro Gesualdo en secuencias diferentes, y
Woody Allen, claro. Ya es tarde, ya no Claudine, ya ni siquiera palabras para
seguir contando la batalla puesto que no hay batalla, qué cabeza cortar si
siempre quedará otra más autoritaria, es hora de contestar la correspondencia
atrasada, dentro de diez minutos el scotch con sus hielitos y su sodita, es tan claro
que le han vuelto a crecer, que no le sirvió de nada cortarlas. En el espejo del
baño Lucas ve la hidra completa con sus bocas de brillantes sonrisas, todos los
dientes afuera. Siete cabezas, una por cada década; para peor, la sospecha de
que todavía pueden crecerle dos para conformar a ciertas autoridades en
materia hídrica, eso siempre que haya salud.

Para descargarlos:

http://www.librosgratisweb.com/pdf/cortazar-julio/el-diario-de-andres-fava.pdf

http://www.librosgratisweb.com/pdf/cortazar-julio/un-tal-lucas.pdf

(Ojo, cuidado con los famas)

DH





91 años de Bukowski

17 08 2011

Bebía tanto como escribía o quizá escribía tanto como bebía. Charles Bukowski no fue un poeta maldito ni una escoria de la literatura universal ni mucho menos la decadencia de la literatura estadounidense. Fue ante todo un poeta y escritor apasionado de las letras, apasionado con el mundo y con sacar a la palestra personajes y asuntos marginales que nadie reconocía o que nadie se atrevía a hablar tan encarnizadamente. Sin duda tenía problemas con el alcohol pero eso no impidió la creación de su obra. Más de cincuenta libros no es poco. Hoy 16 de agosto hubiese cumplido 91 años. Aquí, el extracto de “Escritos de un viejo indecente”, una de sus obras que encuentro bastante interesante:

—el mierda de las alas de papel —dijo Henderson.
el Toro se aproximó.
—no me toques —dijo el mierda de las alas de ,papel.
el Toro se lanzó hacia él, Y DIOS ME VALGA, aquel mierda empezó a

¡VOLAR! aleteó por la habitación, casi pegado al techo. Henderson y yo nos lanzamos a por la botella, pero el viejo me ganó, el Toro cayó de rodillas:
—¡DIOS DEL CIELO, TEN PIEDAD DE MI! ¡UN ÁNGEL! ¡UN ÁNGEL!
—¡no seas imbécil! —dijo el ángel, revoloteando—. no soy ningún ángel, sólo

quiero ayudar a los Blues. soy hincha de los Blues de toda la vida.
—de acuerdo, baja, hablemos de negocios —dijo Henderson.
el ángel, o lo que fuese, bajó volando y aterrizó en una silla. el Toro le arrancó

los.zapatos y los calcetines o lo que fuese y empezó a besarle los pies.
Henderson se agachó furioso y escupió al Toro en la cara:
—¡lárgate, bicho subnormal! ¡si hay algo que odie es el sentimentalismo baboso!
el Toro se limpió la cara y se fue muy quedamente.
Henderson recorrió los cajones de la mesa.
—¡mierda, creí que tenía por aquí en algún sitio contratos!
entretanto, mientras buscaba los impresos de los contratos, encontró otra botella y

la abrió. cuando arrancaba el celofán, miró al chico: —dime, ¿eres capaz de hacer una curva interior? ¿y una externa? ¿qué me dices de un deslizador? —que me cuelguen si sé —dijo el tipo de las alas—. he estado escondido. lo único
que sé es lo que leí en los periódicos y vi en la televisión. pero siempre he sido hincha
de los Blues y estoy muy triste por lo mal que os va la temporada.

El link donde pueden encontrar toda la obra completa: http://es.scribd.com/doc/7233592/Charles-Bukowski-Escritos-de-Un-Viejo-Indecente

DH





Nonsense

7 07 2011

Foto: Diana Hidalgo

Estaba ahí
Las nubes, el calor
¿Quién les hubiese dicho al despertar que, a esa hora y en ese punto exacto del espacio-tiempo, se encontrarían ahí, en esa esfera?
Tantas caminatas sin sentido, sin nociones
Por separado pero buscándose. Huyendo de lo otro, de lo ajeno
Lo fugaz
Él en el cuerpo de la oveja y ella en el cuerpo del hombre
Con esa piel ridícula y tentadora que no abriga
Que no lucha pero pretende reivindicar
Redimirse
Se alzan los sollozos, los lugares, las reiteraciones, los que piensan
Frases manoseadas inservibles
Fluorescentes
Qué absurdo mirarlo al revés
Así.

DH





La dialéctica y las alucinaciones

27 05 2011

Frío. Caminatas lánguidas en la niebla
No es el día de morir
Los boletos embuten tus bolsillos
Tienes que hacerlo. Debes transitar por el barro, los baldes, los gritos, las monedas ¡No!
Ya no eres más de aquí, nunca lo fuiste ¡Estúpido inquilino de tu mente!
Niños retorcidos, ennegrecidos, aniquilados, vacíos, leoninos, aglutinados. Avanzas y allá están los dorados, los fulgurantes, los chirriantes, las casi explicaciones. Las ruedas.
Ocho de la mañana. Individuos de plástico sin razones. No avanzan, son jalados. Te ríes porque todos los hilos son tan paradójicamente iguales.
Llenan los buses, los micros, los taxis, los cafés, las oficinas, el gobierno.
Un palacio en medio de toda esta mugre – ¿Un palacio?- Te preguntas fastidiado.
Las ocho letras de su letrero te provocan náuseas. Pero ni todos tus vómitos verbales y orgánicos serían suficientes para desaparecerlo.
¿Justicia? Eso dice, eso dicen.
La inexistencia no les da vergüenza. Los anima, los sustenta. Les da dinero, placer, whisky, prostitutas.
Eres un punto casi invisible en esta danza. Nueve de la mañana. Todos quieren volverse aves pero no lo consiguen. Están enfermamente adheridos al pavimento.
No hay tiempo para más.

DH





De exhibicionistas y anónimos observadores

27 05 2011

Todos hablan de las redes sociales: las investigan, las utilizan, las odian o las aman. No pasan desapercibidas. Y cuando se habla de ellas, por supuesto, Facebook y Twitter irrumpen en la conversación.

¿Y qué pasa si no tengo Facebook o Twitter? ¿Acaso no existo? Miramos como bichos raros a las personas que no los utilizan, como individuos anacrónicos. Parece que tuviéramos que probar nuestra real existencia en el mundo mediante un perfil de una red social.

Parece que nos gustara ser observados todo el tiempo, que nos sigan, que nos comenten, que les guste o les disguste lo que hacemos. Lo que antes sucedía –probablemente– en nuestras relaciones interpersonales del mundo real, ahora sucede a través de pantallas y botones.

Despidos, renuncias, rupturas sentimentales, eventos culturales, juergas de fin de semana. Todo está ahí y nos podemos enterar. No somos personajes de 1984, la visionaria novela de George Orwell, pero aún así podemos cumplir con el tentador papel de observadores, vigilantes omnipresentes a través de las pantallas. Ellas se convierten en nuestros ojos, en nuestras lupas. Y vaya adicción que generan.

Personalmente, detesto cuando las personas publican su vida entera en estos lugares. Se ha perdido la privacidad. Pareciera que el significado de esta palabra se ha enterrado a raíz de las redes. No es cosa de juego enterarse que tu mejor amiga se ganó una beca a Londres por una pantallita y no porque ella te lo dijo. Tampoco es juego perder un empleo por un “estado” publicado en una red social. En ocasiones, debo confesar, esto me da un poco de miedo: uno no sabe exactamente quién está observando o quienes acceden a tus contenidos, a esa información que depositas con suma confianza y tal vez ingenuidad.

Casi todas las cosas en exceso son malas. Si queremos vivir en un mundo orwelliano y ser los grandes hermanos observadores, hagámoslo. Pero con cuidado, con mucho cuidado.

DH
(Publicado en Link UPC N 15)








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