En este espacio, intentaré establecer conexiones y reflexiones entre tres textos que me parecen de suma importancia filosófica y, en general, de sumo interés personal: “Así habló Zaratustra” de Friedrich Nietzsche, “El existencialismo es un humanismo” de Jean Paul Sartre y “Modos de pensamiento” de Whitehead; todo ello en relación a la novela corta de Joseph Conrand “El corazón de las tinieblas”. Primero, explicaré por qué dichos textos me parecen importantes y, luego, procederé a establecer las conexiones y reflexiones correspondientes.
Hace algunos años, tuve en mis manos dos textos que, debo reconocer, cambiaron mi manera de pensar y me hicieron tener una visión más crítica de las cosas y personas que me rodean, en este mundo tan extraño. Estoy hablando de “Así habló Zaratustra” de Nietzsche y “El existencialismo es un humanismo” de Sartre. Su importancia, me parece, recae en las posiciones agudas y críticas de sus autores. Y, sobre todo, en sus formas de pensar, criticadas por muchos, pero, sumamente lúcidas y reflexivas. A mí me gustan por su forma contestataria y distinta de concebir la vida y la manera de ser de las personas.
El texto de Sartre me parece que es importante porque al leerlo, te permite tener una visión clara de lo que es esa corriente filosófica llamada existencialismo, además, tiene una posición atea bastante coherente, y sobre todo, realza la condición absolutamente libre del hombre frente a la vida y frente a sus acciones.
En cuanto al texto de Nietzsche, me parece importante y, sobre todo, interesante, primero, porque es capaz de contradecir con argumentos e ideas válidas las posiciones de filósofos tan importantes como Sócrates o Platón (en cuanto a la idea del control de las pasiones), y luego, porque enaltece la condición de libertad de decisión y formación de los propios valores del hombre sin necesidad de tener alguna deidad guiadora o que te imponga ciertos tipos de valores o conductas de cualquier tipo. Es un manifiesto del individualismo muy interesante.
El texto de Whitehead, me interesa y creo que es importante porque resalta la importancia de la experiencia individual como una forma de producir un saber o conocimiento, además realza la importancia del lenguaje y de nuestras propias ideas o pensamientos como un sistema filosófico capaz de moldear una sociedad.
Kurtz: ¿un superhombre?
En “Así habló Zaratustra”, Nietzsche presenta la idea del superhombre como un ser que ha trascendido todas las tradiciones infundadas y todas las imposiciones de valores, para convertirse en un hombre sumamente confiado de sí mismo y de sus habilidades y capaz de crear su propio sistema de valores, independientemente de las tradiciones ya establecidas y de las demás personas. El superhombre, como su mismo nombre lo dice, se presenta como un hombre superior que ha alcanzado una meta de realización personal y mental bastante elevada: ha logrado establecerse más allá del bien y del mal. Y algo que puede sonar imposible o muy difícil de alcanzar: el dominio de sí mismo.
Si Zaratustra (o el mismo Nietzsche, incluso) se encontrara con Kurtz, creo que definitivamente se acercaría a él. Y se acercaría no con ánimo de crítica, reproche o de convencerlo con sus ideas, sino con admiración. Porque Kurtz, es en el sentido nietzscheano, un ser superior. Es decir, es (o podría ser) lo que predica Zaratustra: un superhombre. Si analizamos con detenimiento el texto de Conrad, se nota que Kurtz se presenta como una ser guiado en todo momento sólo por su voluntad y además que, con su voluntad y confianza es capaz de dominar y obtener la admiración y contemplación de muchos hombres.
Para Marlow y para todos los que lo conocen o han escuchado hablar de él, Kurtz se presenta como un ser mítico, como una sombra, como una voz. Y se presenta así porque es un hombre que, según lo que analizo según el relato, ha trascendido todos los valores tradicionales del bien y del mal. Porque no sigue ninguna moral (o lo que entendemos tradicionalmente por moral: esclaviza a los negros, se lleva todo el marfil, cosas que podrían parecer carentes de moral, pero que él encuentra razones y valores para hacerlo en su interior), más que la que sale de sí mismo y de lo que cree. Así lo describe Marlow en la novela: “Tenía que vérmelas con un hombre ante quien no podía apelar a ningún sentimiento elevado o bajo. Debía, igual que los negros, invocarlo a él, a él mismo, a su propia exaltada e increíble degradación. No había nada por encima ni por debajo de él, y yo lo sabía. Se había desprendido de la tierra ¡Maldito sea! Había golpeado la tierra hasta romperla en pedazos. Estaba solo, y yo frente a él no sabía si pisaba tierra o si flotaba en el aire”. Así, Kurtz se presenta como un ser ambiguo pero, absolutamente poderoso.
Dentro de su estadía en esa selva, que para Kurtz significa el viaje al interior de sí mismo en la búsqueda de un sentido, Kurtz encuentra su sentido y su inteligencia dentro de sí mismo. Al igual que la idea del superhombre que plantea Nietzsche, no necesita creer ni buscar deidades que le den un sentido o unos valores para poder vivir. Todo lo encuentra dentro de sí. Y es tanta la inmensidad de formas y respuestas que encuentra dentro de sí, cuando se queda sólo en esa selva apremiante, que en el relato lo describen como “un viaje a las tinieblas”. Por esa razón es que Kurtz es un hombre capaz de juzgar, de actuar y de decir siempre lo que piensa.
Es curioso lo que sucede en la novela cuando Kurtz está a punto de morir. Kurtz le dice a Marlow: “Estoy acostado aquí en la oscuridad esperando la muerte” y Marlow lo describe así en ese momento: “Vi sobre ese rostro de marfil la expresión de sombrío orgullo, de implacable poder, de pavoroso terror…de una intensa e irredimible desesperación”. Kurtz no parece en lo absoluto “resignado” a morir, si no, más bien pareciera como si él estuviera eligiendo o tuviera control sobre su muerte. Esto se presenta como en “De la muerte libre” en los diálogos de Zaratustra: “Yo os elogio mi muerte, la muerte libre, que viene a mí porque yo quiero ¿Y cuándo querré? Quien tiene una meta y un heredero quiere la muerte en el momento justo para la meta y para el heredero”. Otra vez Kurtz se vuelve la figura del superhombre que plantea Nietzsche y que predica Zaratustra: un hombre que elige su momento justo para morir.
Aunque, honestamente no estoy segura de cuánto control sobre sí mismo tenía Kurtz. Por momentos, me parece un ser sumamente inteligente y lúcido pero, también, sumamente atormentado y desesperado. Por eso, tal vez Marlow lo describe, en el momento de su muerte, como que, a pesar de que es consciente de su poder, tiene cierto temor y desesperación.
Sé que muchas personas que conozco –y, seguramente, muchas más de las que conozco–, repudian las ideas de Nietzsche y les importa un bledo discutir sobre la muerte de Dios o sobre el superhombre. A mí personalmente me interesa mucho esta discusión. Me interesa porque creo en la libertad absoluta que tiene el hombre en todo el sentido de la palabra y me parece grandioso todo lo que puede llegar a hacer con ella. Porque creo, de verdad, que el hombre puede y debería ser capaz de formarse sus propios valores. Yo no necesito tener un Dios, creo que cada uno puede ser su “dios”, su guiador. Kurtz era su propio “dios”. Independientemente de lo oscuro o medio atormentado que pueda ser este personaje, me parece admirable por eso.
Confieso que al leer la primera vez “El corazón de las tinieblas”, no me atrapó, no me logró comer entre sus líneas y entre sus personajes. Pero, leyéndolo de nuevo, pude descubrir esta profundidad del personaje Kurtz y todo lo que conlleva, realmente me parece como un superhombre. No sé si Conrad habrá construido este personaje de esta manera a propósito o simplemente lo habrá creído necesario para su narración. Pero, a fin de cuentas, construyó, a mi parecer, un personaje bastante nietzscheano (en el sentido de la idea del superhombre y también porque creo que Kurtz tiene una postura nihilista). Kurtz es una mezcla de enigma, lucidez, oscuridad, inteligencia, poder, convencimiento, sabiduría y persuasión. Es todo eso, y, todo a la vez.
La libertad y el existencialismo de Sartre en el corazón de las tinieblasEn “El existencialismo es un humanismo”, Sartre sostiene dos ideas acerca de la libertad que discutiré en las próximas líneas y que me parecen de suma importancia: “Estamos solos, sin excusas. Es lo que expresaré diciendo que el hombre está condenado a ser libre”, “Cuando declaro que la libertad a través de cada circunstancia concreta no puede tener otro fin que quererse a sí misma, si el hombre ha reconocido que establece valores, en el desamparo no puede querer sino una cosa, la libertad, como fundamento de todos los valores. Esto no significa que la quiera en abstracto. Quiere decir simplemente que los actos de los hombres de buena fe tienen como última significación la búsqueda de la libertad como tal. Un hombre se adhiere a tal o cual sindicato comunista o revolucionario, persigue fines concretos; estos fines implican una voluntad abstracta de libertad; pero esta libertad se quiere en lo concreto”.
En mi opinión, en el texto de Conrand, tanto Marlow como Kurtz, buscan y encuentran la libertad de distintas maneras. Marlow, se enlista como marinero y aborda ese viaje al Congo, no por una sed de aventura, no porque escapaba de algo o de alguien, no porque no tenía nada más que hacer, sino, inconsciente (o conscientemente) en búsqueda de sí mismo y de su libertad. En esa selva tan vertiginosa, esclavizada, inmóvil e irreal, descubre que puede encontrar lo mejor y lo peor de sí mismo: descubre que ese viaje, es como realizar un viaje al interior de él (al interior de su corazón). Y como último fin (o última significación, en palabras de Sartre), busca su libertad. Y yo creo que la encuentra, la encuentra cuando se va adentrando en la selva y cuando conoce a un ser tan especial como Kurtz. Y la encuentra concretamente.
En el caso de Kurtz, él es aún un personaje más libre (en mi opinión). En su caso, creo que se aplica también la idea de “libertad como una condena”, porque llega un punto en que Kurtz quiere abandonar la estación y tal vez dejar el marfil, pero ya no puede, simplemente no puede. Porque su libertad lo guió hasta allí. Y porque a pesar de que dice que lo quiere dejar, el quiere seguir allí, y su naturaleza libre lo obliga a seguir a su sentido de libertad y de responsabilidad. Y digo que es un personaje más libre, porque en todo momento sigue sus propios valores y su propia moral y nada más que ello. Se vuelve su guía de sí mismo, y es tan admirable, inteligente y lúcido por eso, que la gente lo nota y lo empieza a considerar un genio y a querer seguir. Al igual que Marlow, al encontrarse sólo en esa selva tan sobrecogedora, Kurtz hace un viaje al interior de su corazón. Es libre. Dentro de sí encuentra todo: un sentido, unos valores, su libertad. Y su libertad es el fundamento de todos sus valores.
Paradójicamente, en este texto aparecen y se describen constantemente a negros esclavos que están siendo colonizados. La misma condición de esclavos infiere que están totalmente privados de su libertad en todos (o casi todos) los sentidos. Y justamente a ellos se les representa y se les describe como algo repugnante, bestializado o animalizado. Independientemente de la interpretación racista que le han dado a este texto a raíz de este tipo de descripciones, yo creo que Marlow los describe así porque él ama (y busca) la libertad y le parece tan repulsivo e incluso repugnante, encontrar a personas que estén condenados a no tenerla nunca. Personas que existen sólo para obedecer órdenes y para cargar cadenas con sus maltratados cuerpos. No es el terror a la raza, es el terror a no tener libertad. Comprendo a Marlow, porque a mí también me aterra no tenerla, y mucho. Para mí, no tener libertad es como ser una nada en medio de un todo.
En este punto, quiero discutir otra frase de Sartre que me llama mucho la atención: “A esto contesto que me molesta mucho que sea así: pero si he suprimido a Dios padre, es necesario que alguien invente los valores. Hay que tomar las cosas como son. Y además, decir que nosotros inventamos los valores no significa más que esto: la vida, a priori, no tiene sentido. Antes de que ustedes vivan, la vida no es nada; les corresponde a ustedes darle un sentido, y el valor no es otra cosa que el sentido que ustedes eligen. Por esto, se ve que hay la posibilidad de crear una comunidad humana. Se me está reprochando el preguntar si el existencialismo era un humanismo”.
Esto me hace pensar en dos cosas: primero, Kurtz inventa sus propios valores con los que es capaz de darle sentido a su vida y a sus acciones, sin ellos, sabe que su vida no tendría sentido alguno: Kurtz se acoge, seguro sin querer, a los valores existencialistas que plantea Sartre. Segundo, para mí el hecho de necesitar creer o tener la idea de que existe un Dios o una deidad que tiene que guiar tu vida y darte los valores que uno mismo debería crear (o escoger), es como ponerte en la pierna derecha un grillete de esclavo, como los que tenían los negros esclavos del Congo que describe Marlow ¿Por qué necesitaríamos creer en un Dios guiador? ¿Por qué? En mi opinión, la idea mental de la existencia de un Dios guiador, limita nuestra libertad, y lo que es peor aún, nuestras acciones. ¿Por qué no ser como Kurtz?: nuestros propios guías. Yo creo que Kurtz aceptó la muerte de Dios, por eso también, es que en mi opinión, tiene una postura nihilista.
La experiencia individual de Charlie Marlow
El gran filósofo Whitehead sostuvo lo siguiente en su libro “Modos de pensamiento”: “La concentración de la atención en los simples hechos es la supremacía del desierto. Toda aproximación a este triunfo confiere a la ciencia “una virtud fugitiva y claustral” que evita poner el acento sobre conexiones esenciales como las que nos muestran el universo en su choque con la experiencia individual”.
Muchas veces, equivocadamente, la ciencia y la lógica privilegian su condición de únicos medios (o disciplinas) para llegar al entendimiento o únicas maneras de producir un saber o un conocimiento. En esta idea, ni Whitehead ni yo, estamos de acuerdo. Opino, al igual que Whitehead, que la información que proporciona la ciencia es incompleta y que, en palabras de él: “El mundo concreto se escapa de las mallas de la red científica”. A la hora de vivir y de interactuar con otros, uno se da cuenta que si bien la ciencia y la lógica nos pueden proporcionar algunas respuestas e ideas válidas, esto no constituye ni la mitad de lo que necesitamos para llegar al entendimiento (como lo concibe Whitehead), ni mucho menos, a producir nuestro propio conocimiento. Necesitamos algo más complejo y mucho más ilustrativo: la experiencia personal, la experiencia individual. Si nos concentramos sólo en la ciencia (en los simples “hechos”), olvidamos las conexiones esenciales que existen entre la experiencia individual, nuestras vidas y el universo que nos rodea.
¿Acaso si Marlow no se hubiera adentrado en esa selva, si no hubiera visto y hubiera vivido todo lo que vivió allí y no hubiera conocido a Kurtz, hubiera entendido o “sabido” lo que realmente sucedía allí o cómo era Kurtz? No lo creo. Marlow buscó y vivió su propia experiencia individual. Y esa experiencia fue tan intensa (porque no sólo le permitió entender el mundo externo u a otras personas, le permitió adentrarse en la esencia de sí mismo y, de alguna manera, “entenderse”). Esa experiencia hizo que él elabora su propio saber o su propio conocimiento. Cambió su forma de concebir las cosas y la realidad. Para ello, no bastaba con que lea libros o busque respuestas en la ciencia, tenía que vivirlo si quería realmente entenderlo.
Y las propias ideas o pensamientos que Marlow sacó de esa experiencia individual no están aisladas. Porque juntándolas con las propias ideas y pensamientos de las miles de personas que habitamos en este mundo y que somos capaces de vivir nuestras propias experiencias individuales, es lo que podemos llamar filosofía. Que hace lo que somos y lo que vivimos. Cada sociedad tiene su propia filosofía. Por eso, un sistema filosófico, moldea nuestro tipo de sociedad y a muchas mentes. La sociedad colonizadora en la que vivieron Kurtz y Marlow, tenía su propia filosofía; nuestra sociedad, tiene otra, desde luego.
A manera de conclusión
Hasta este punto, espero que mi lector haya percibido en este texto ideas en su mayoría coherentes (o lo más cercano a ser “coherentes”). No sé si luego de haber leído tanto de “Kurtz” y de “Marlow”, le provoque a usted correr a conseguir “El corazón de las tinieblas” y devorárselo en medio de la penumbra. Si bien no es uno de mis libros favoritos (debo confesar), considero que es un libro interesante y que se presta para realizar muchas discusiones filosóficas. Las que yo he hecho aquí, le aseguro, sólo son unas pocas de todas las que se podrían plantear y reflexionar. Le aconsejo que lo haga, porque además de ser un ejercicio enriquecedor, es divertido, sobre todo, a las cinco de la tarde, y, por supuesto, a las tres de la mañana.
DH



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