De un extremo al otro el terror sigue siendo el mismo

16 10 2011

*Por Diana Hidalgo

Los hechos
El 14 de agosto de 1985 un comando del ejército formado por el capitán Helber Gálvez, el teniente coronel Carlos Medina, el mayor José Williams Zapata, el teniente Juan Rivera Rondón y el subteniente Telmo Hurtado, llevan a cabo el operativo Huancayoc en el poblado de Lloqllapampa ubicado en el distrito de Accomarca, Ayacucho. Este operativo tenía como objetivo desbaratar una supuesta “Compañía Accomarca” formada por miembros de Sendero Luminoso que operaría en la zona y que habría asesinado a varias autoridades y pobladores.

Eran las seis y media de la mañana cuando dos patrullas de la compañía Lince conformada por miembros del ejército y la infantería de Marina, irrumpen en la Quebrada de Huancayoc disparando a quemarropa, amedrentando a pobladores, violando y agrediendo a las mujeres, matando niños, ancianos; y, por último, incendiando el grupo de viviendas en las que arribaron luego de lanzar granadas. El saldo: 20 personas inocentes muertas, asesinadas.

Al otro lado del mundo, en otro continente y veinte años después, en la localidad de Hadiza, a 200 kilómetros del noroeste de Bagdad, 24 civiles iraquís, incluyendo mujeres y niños, fueron asesinados brutalmente por una tropa de soldados estadounidenses.

El 19 de noviembre de ese año, una bomba colocada por insurgentes de la zona, estalló en una carretera, asesinando a civiles y a un marine estadounidense: Miguel Terrazas, de 20 años. Luego de múltiples ataques a manos de estos grupos terroristas (incluyendo Al Qaeda) en esta zona donde habían muerto 60 marines y 24 policías iraquís, esta tropa de soldados decidió establecer acciones en represalia. Hicieron una redada en las viviendas del lugar y dispararon en forma indiscriminada a sus ocupantes. Ametrallaron a todos: hombres, mujeres, ancianos y niños. Veinticuatro vidas dejaron de existir ese fatídico día.

Terribles coincidencias
¿Qué tienen en común estos nefastos hechos? A simple vista podría parecer sumamente lejanos y no relacionables pero, los cierto es que en ellos hay más coincidencias de las que uno se podría imaginar. Varios patrones comunes observables y analizables.

Coincidencia 1 (Motivos por los cuales se ataca de esa manera: Peligro potencial en el lugar-Represalia): En primer lugar, se debe tomar en cuenta que ambos lugares, en ese momento, eran considerados por las fuerzas del orden como lugares peligrosos en donde se realizaba actividad terrorista y donde se escondían los revolucionarios del terror.

En el caso de Accomarca, existían las llamadas “Escuelas populares”. Centros de adoctrinamiento desde los cuales militantes senderistas pretendían dirigir la vida comunal e individual de los pobladores. Además de ello, en la misma zona y en lugares aledaños, operaba sendero Luminoso asesinando autoridades y civiles y amedrentando y amenazando a la gente constantemente.

Hadiza, por su parte, era conocida como “La capital de los asesinatos”. Al Qaeda y los insurgentes operaban asesinando y sembrando terror en todo el lugar. Otro de sus apelativos era “La ciudad de la muerte”, la gente vivía atemorizada. Y no sólo por los terroristas, sino por los miembros del ejército estadounidense que se habían asentado allí y que, en teoría, estaban ahí para defender y velar por la paz del lugar. Al igual que en Accomarca, los pobladores vivían atemorizados por los efectivos del ejército.
Lo que ocurrió en ambos casos es que, los miembros de los dos ejércitos en cuestión (el estadounidense y el peruano), deciden tomar esas acciones extremistas cuando se encuentran frustrados por no poder identificar con certeza o capturar a los terroristas. Tras una acción violenta por parte de los mismos (en el caso de Hadiza, la bomba estallada en la carretera que mató a un marine sumado a las otras múltiples acciones extremistas y; en el caso de Accomarca, la existencia de las escuelas populares y los múltiples asesinatos con carteles senderistas de “Así mueren los soplones que están contra el pueblo” o “Viva la guerra de guerrillas”, deciden combatir violencia con violencia y tomar acciones en represalia.

Ocurre algo así como una venganza mezclada con un fuerte sentimiento de frustración por no encontrar culpables de tanta violencia. Como no se les encuentra y no se les captura, ambos ejércitos tienen que justificar su existencia encontrando y eliminando supuestos culpables y así, sembrando una supuesta paz y evitando el terror. Por supuesto, que lo que hicieron fue sembrar más terror y más violencia. Digo supuestos culpables, porque en ambos casos, nadie comprobó que los que estaban en esas viviendas eran terroristas, todas eran puras suposiciones.

Coincidencia 2: (Las órdenes vienen de los altos mandos): En los dos casos, las órdenes de hacer ese tipo operaciones vinieron de los altos mandos -aunque esto se quiera negar, como en el caso de Telmo Hurtado en Accomarca, quien prefiere auto incriminarse y decir “Como le dije, yo he tomado la determinación de eliminarlos. Mi determinación”, como lo expresa en el interrogatorio que se le hizo luego de los hechos, pero la verdad es que él recibía órdenes-. En Hadiza esto se hace evidente cuando el teniente Ramírez, luego de cometer la matanza durante la redada, se arrepiente de seguir esas órdenes y de que le “hayan hecho” hacer eso. Reconoce que gracias a ello su vida no va a ser la misma, tiene pesadillas. Está afectado psicológicamente.

Es interesante porque en este punto, se puede establecer que, en ambos casos, la culpabilidad de los hechos la tiene el que da las órdenes pero también, por supuesto, el que las ejecuta. Un soldado al que se le manda matar a gente que no ha hay pruebas para considerársele culpable de algo en forma indiscriminada, podría negarse. Estaría en juego su trabajo, quizá su carrera. Pero se está hablando de asesinatos, de vidas desaparecidas y esfumadas injustamente. Podría, en todo caso, no hacerlo. Pero claro, hay que tomar en cuenta en estos casos la psicología humana.

Hace algunas décadas (exactamente en 1963), el reconocido psicólogo Stanly Milgram realizó un experimento sobre obediencia a la autoridad que tenía como objetivo medir la disposición del ser humano para obedecer las órdenes de una autoridad aún cuando éstas podrían estar en conflicto con su conciencia personal. Milgram resume su experimento en un artículo que publica en 1974:

“Los aspectos legales y filosóficos de la obediencia son de enorme importancia, pero dicen muy poco sobre cómo la mayoría de la gente se comporta en situaciones concretas. Monté un simple experimento en la Universidad de Yale para probar cuánto dolor infligiría un ciudadano corriente a otra persona simplemente porque se lo pedían para un experimento científico. La férrea autoridad se impuso a los fuertes imperativos morales de los sujetos (participantes) de lastimar a otros y, con los gritos de las víctimas sonando en los oídos de los sujetos (participantes), la autoridad subyugaba con mayor frecuencia. La extrema buena voluntad de los adultos de aceptar casi cualquier requerimiento ordenado por la autoridad constituye el principal descubrimiento del estudio” (Stanley Milgram. The Perils of Obedience. 1974)

Dicho experimento concluyó en que el 62% de los participantes obedeció plenamente a las órdenes del experimentador (que representaba la autoridad). Ello justifica -o puede explicar en parte-, por qué ambos ejércitos actuaron de esa manera y no les importó en ese momento, llevarse a cuestas la carga emocional de haber manchado sus manos con sangre de asesinatos. Obedeciendo plenamente a la autoridad.

Coincidencia 3 (“Hay que eliminar a todos, no se puede confiar en nadie” /Procedimiento estándar-modus operandi): En el modus operandi en estas acciones, ambos casos, está presente la idea de que “No se puede confiar en nadie”, que todos (incluidos ancianos, mujeres y niños) pueden cargar bombas o podrían ser terroristas en potencia, por lo tanto, habría que eliminarlos. En los dos hechos existe algo así como un “procedimiento estándar” en estas violentas redadas: Interrogatorios con violencia, golpes y exterminio definitivo.

En Hadiza, se observa cómo los soldados comentan “Yo vi una mujer sacar una ametralladora de debajo de sus faldas y empezar a disparar” o “Estamos en un entorno hostil, absolutamente todos: hombres, mujeres y niños son enemigos”. O durante los entrenamientos, repetir frases como “Son unas putas máquinas, compórtense como tales”, “Entrenamos para matar, matar, matar” o “Es una fábrica de bombas de insurgentes, acuérdense de los 50 marines que murieron por las bombas. Listos a matarlos a todos”. Estos eran los discursos que andaban en las mentes de los soldados estadounidenses y los cuales se repetían constantemente.

Es un discurso similar el que expresó el subteniente Telmo Hurtado en el interrogatorio posterior a los hechos ocurridos en Accomarca: “…logrando capturar salieron bastantes heridos, más que todo porque, como usted sabrá, nosotros somos patrulla de combate, no son patrulla de reconocimiento. Uno no puede confiar de una mujer, un anciano o un niño en estos momentos que estamos viviendo, especialmente lo que nosotros vivimos allá”, “No lo he leído en ningún manual, más que todo los niños han caído en la acción misma de la operación que hemos realizado ahí, usted no ve si es mujer, niño, anciano el que corre”, “Como lo vuelvo a repetir, uno no puede medir que ese niño es un elemento peligroso para uno, o no. No sabe, puede tener una carga de dinamita, un armamento guardado. No se sabe. Como le digo, ellos utilizan cualquier medio para tratar de ocasionar bajas, inclusive cuando hubo la emboscada del año pasado al Teniente Iturraga, no fue gente masculina la que en realidad hicieron la emboscada, sino fueron mujeres y niños. Pero eso no es de conocimiento de ustedes, eso tenemos que vivirlo nosotros cuando caen nuestros camaradas, caen nuestros soldados, cuando lo emboscan a uno…”. Este discurso, sumado a la idea de que cualquier poblador que se asoma a la zona debía ser considerado como terrorista y, por tanto, se le debería exterminar, hizo posible las 20 muertes de personas inocentes.

En ambos casos, se observa que estos discursos, provocaron la manera de operar de los dos ejércitos en cuestión. Se escudaron en eso para matar personas a quemarropa y sin importar si eran culpables o no.
Además, el tema de que “se ciñeron al modus operandi previsto”, para el caso de Accomarca, se evidencia en la Sala Suprema Penal, cuando luego de la sentencia absolutoria en octubre de 1987 en la que todos los acusados son absueltos de homicidio calificado y Hurtado es condenado sólo a dos años de prisión por “abuso de autoridad”, se admitió que “los acusados cumplieron con sus obligaciones militares y se ciñeron al modus operandi previsto para el ingreso a poblaciones, interrogatorios sumarísimos y captura de presuntos elementos terroristas”.

Luego de “estas acciones tan valerosas” para los ojos de los altos mandos, ambas tropas de soldados fueron felicitadas y condecoradas por su valentía en estas acciones. El hecho de que después de les haya juzgado es algún tiempo después. Antes hay que considerar que primero vinieron las felicitaciones. En Hadiza se felicitó y condecoró a varios marines. Claro que hay que tener en cuenta, en este punto, que, en ambos casos, no se supo la magnitud de los asesinatos hasta un tiempo después de que se destaparon los hechos gracias a algunos testigos que habían estado en ambos ataques.

En el caso Accomarca, cuando el tema estaba en discusión y ya se sabía lo ocurrido, algunos generales y el presidente de turno (Alan García) opinaban de esta manera, defendiendo a Hurtado y librándolo de la condena por asesinatos múltiples: “Telmo Hurtado se jugó la vida en defensa de la sociedad peruana” (Gral. Cisneros Vizquerra), “El subteniente Hurtado es un luchador por la democracia” (Gral. Flores Torres), “Defenderé a las Fuerzas Armadas contra la demagogia de los traficantes de cadáveres” (Alan García).





“Vivimos con humor. Sin sentido del humor no hubiésemos sobrevivido”

16 10 2011


El multifacético, multicarismático y desenfadado Carlos Carlín, ha pasado gran parte de su vida haciendo reír al público. Desde una extraña versión en humor negro de “Metamorfosis” de Kafka; pasando por “Tony”, el entrañable y odiosamente divertido personaje de la desaparecida serie Pataclaun, hasta “La perricholi”, personaje que hizo en la obra de teatro “Perú Ja,Ja”; Carlín ha sabido arrancarle más de una carcajada a la gente que lo ha visto y gozado. El humor, la risa, la chacota y la “chapa”, como dice, son elementos fundamentales en la idiosincrasia de los peruanos, pero también son parte importante de él y de su carrera actoral.

*Por Diana Hidalgo

Al peruano le gusta reírse, vacilarse, dice Carlín. Por eso, cuando en los años ochenta apareció el recordado programa humorístico “Risas y Salsa”, transmitido por panamericana televisión, se volvió un boom televisivo y llegó a alcanzar hasta sesenta puntos de rating, cifra envidiable y a la vez utópica en las antenas de la televisión peruana. Allí aparecían Adolfo Chuiman, Camucha Negrete, Guillermo Rosinni, “Felpudini”, en los hilarantes sketchs que casi siempre tenían como cortina musical la salsa “Qué cosa tan linda” de Óscar se León”. Un rotundo éxito.

“Por eso, se creía que el humor peruano por excelencia era el de “Risas y salsa”, pero cuando apareció “Pataclaun”, cambió un poco la cosa”, dice Carlín. Confiesa que antes de que arranque el programa, transmitido por frecuencia latina, les decían que no iba a funcionar porque no se parecía a lo que se hacía en “Risas y salsa”. Pero cuando apareció –en 1997- , la gente se enganchó, dice con una sonrisa en el rostro.

Junto con Wendy Ramos (quien hacía de “Wendy”), Carlos Alcántara (quien hacía de Machin), Johanna San Miguel (quien hacía de Queca) y Gonzalo Torres (quien hacía del padresito Gonzalete), Carlín interpreta el personaje del fracasado, vanidoso y pedante seductor que es tan perdedor que su verdadero nombre es “Eusebio Lechuga”. El programa duró dos años y fue una rotunda conquista televisiva.

“Las “chapas” eran una condición imprescindible del programa, teníamos que ponernos chapas”, dice Carlín. Cuenta que el éxito y lo gracioso de Pataclaun no era tanto las narices rojas, sino el humor interno entre los personajes –que tenían mucha química-, las chapas que se ponían entre ellos y el hecho de identificarse con esos personajes. “Te identificas y por tanto te ríes”, afirma.

Con cada uno se ponían chapas diferentes jugando con la forma del cuerpo, la manera de hablar, las características físicas, dice. Además, Carlín considera que el programa hizo reír mucho y, de alguna manera, cambió un poco la manera de concebir el humor peruano, en la medida de que los personajes que ahí aparecían eran absolutamente identificables con personas comunes, sólo que con una caracterización llevada al extremo: la que se cree pituca y regia, la madre de familia abnegada, el marido vago, el matrimonio misio.

“La gente se empezó a dar cuenta un poco de que el humor no era sólo “Risas y salsa”, dice. La “chapa”, la burla del otro y la chacota eran parte fundamental de Pataclaun y ayudaron a su éxito, afirma, porque son elementos que están muy presentes en la cultura del peruano, en la calle. “El chato, chino, gordo, cholo”, son apodos con carga de humor que están muy ligados a nuestra cultura.

“Yo creo que el humor no tiene que ser chabacano o vulgar para divertir. Lo importante es que sea freso, verdadero. El público peruano no es idiota”, afirma con seguridad. Eso es lo que ha intentado reflejar en las múltiples obras de teatro en las que actuado y las que ha escrito como, por ejemplo, “Perú Jajá” (en el 2006), en donde hizo de la “Perricholi”, siendo ese personaje, a su juicio, uno de los más graciosos que ha interpretado. “Basura, porquería, porquería basura”, dice riendo y con esa voz tan particular como lo hacía en la obra.

“El humor está unido a nuestra idiosincrasia. Vivimos humor, sin sentido del humor no hubiésemos sobrevivido. La historia te lo dice. Recordamos las sátiras políticas de antaño o las revistas “El otorongo” o “Monos y monadas”, con caricaturas de la época”, dice con seguridad. Cuenta que este humor no necesariamente tiene que estar ligado, como sucede ahora, a la sobreexposición del cuerpo de mujeres voluptuosas.

Carlín desde muy chico se dio cuenta que quería ser actor y que lo suyo era el humor, hacer reír a la gente. “Yo quería ser actor. En el Ipp, donde estudiaba, siempre hacía reír a toda la gente con la que paraba. No lo tuve que pensar mucho, el humor era lo mío”, cuenta. Recuerda con cariño uno de los primeros personajes que interpretó sobre las tablas “El abogado Pantaleón” de una comedia anónima del siglo quince. Le robó demasiadas risas al público.

También recuerda con especial atención cuando actuó en la versión de “Metamorfosis” de Kafka dirigida por Roberto Ángeles en 1992. Pero no hacía de Gregorio Samsa –personaje principal de la obra- , hacía del hermano. “Eso era casi surrealista, era teatro del absurdo, humor negro llevado al extremo”, me encantó.
Considera que “Tres patines” es uno de los mejores comediantes de todos los tiempos y que ha hecho reír a muchísimos peruanos; y admira a los cómicos ambulantes. “Son excelentes cómicos, le pueden enseñar a cualquier comediante cómo hacer reír”, dice. Cree que tienen esa chispa de la calle que tanto pega en los peruanos y que saben exactamente esa fórmula de contar chistes que nunca falla y que siempre divierte a todos.

Actualmente Carlín conduce el programa nocturno “La noche es mía” y por la tarde, un programa radial en Radio Capital. En ambos, dice, está muy presente el humor y la ironía aunque a veces tenga que ponerse serio de acuerdo a la coyuntura. “Yo ya de por si soy comediante pero ya no tengo que estar saltimbanqueando desde las 11 de la noche”, dice riendo, me tengo que poner un poco serio. Le muestro una foto de cuando hacía de “Tony” en Pataclaun y estalla de risa diciendo “que pavo que era”.








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