Nebulosa

22 06 2010


Nebulosa infinita
De charcos azules
Y planetas verdes
Y nubes amarillas
Absórbeme en tus ojos
Inyéctame tu silencio ácido
Muéstrame tu tenue agonía
Para ver los intrincados perpetuos
De tus laberintos sin fin
Y porsupuesto,
sin principio

DH





Recomendación teatral: AGOSTO

22 06 2010

Es sumamente genial. Tienen que ir a verla. Magníficas actuaciones, además…





Las armas secretas de Cortázar

22 06 2010

Necesito leerlo todo. Escuchar la voz de Cortázar en la noche, se siente muy bien…





Cuando la mina se queda sin plata: el complejo caso Doe Run

20 06 2010

¿Qué sucede cuando una empresa privada se declara en quiebra? ¿El Estado debería intervenir, debería condonarle la deuda? ¿Qué debería hacer? Desde hace unas semanas, el caso de la compañía minera y metalúrgica Doe Run, se viene exponiendo en los diferentes medios de comunicación.

Y es que, esta compañía estadounidense que, maneja el Complejo Metalúrgico de la Oroya y la mina Cobriza en Huancavelica, se declaró en estado de insolvencia en octubre del año pasado y paralizó sus actividades. El problema es que en medio de este “estado de insolvencia”, esta empresa le debe al Estado peruano, más de 70 millones de dólares. Sí, escuchó bien, 70 millones.

A manera casi de serie cómica, hace pocos días, el abogado del dueño de la minera, pidió que les den plazo de un año para pagar cada millón. Entonces, ¡700 años! Vaya burla tan atroz; vaya que las autoridades lo permiten. Porque es cierto, desde un primer momento no fueron lo suficientemente fuertes como para no permitir que esta empresa extranjera los “pasee” de esta manera.

Más allá de las declaraciones infortunadas que han dado algunas personas involucradas en el caso, el problema más grave son los 3500 trabajadores del Complejo Metalúrgico de la Oroya, que se quedarán sin trabajo; y las pérdidas que todo esto supone. Eso es lo más terrible. Como era de esperarse, dichos trabajadores han tomado carreteras, se han enfrentado a la policía y se han declarado en huelga indefinida; las clases en los colegios de la Oroya se han suspendido y los negocios han cerrado. Todo esto porque el Estado amenazó con cerrar el Complejo hasta que no se pague la deuda. Aplaudo que el Estado ponga brazo firme en este caso (cosa que debió hacer hace mucho). Pero, ¿Cómo les dices a estos 3500 hombres que ya no tendrán trabajo, por lo tanto, no tendrán como mantenerse, ni mucho menos, mantener a sus familias? Asunto bastante complicado.

Porque yo no creo que el sentir de estos trabajadores sea un “chantaje propiciado por los funcionarios de Doe Run”, como afirman algunos despistados políticos. Es lógico que estas personas al sentir que se quedarán sin trabajo, protesten y se sientan sumamente afectados.

La cuestión es bastante compleja. Se rumorea que una posible solución sería la nacionalización de la empresa. Por otro lado, yo creo que al Estado no le corresponde ser salvavidas de ninguna empresa privada; los que deberían comenzar a financiar a esta compañía en quiebra sería el sector privado interesado en que se realice esta actividad minera. A estas alturas, me parece que hay dos opciones: la primera, que el gobierno ceda a los reclamos de Doe Run y le condone la deuda; la segunda, que el Estado tome el control de la empresa, es decir, la nacionalización.

La primera opción, sería una muestra de desatino y falta de autoridad por parte del gobierno hacia la inversión privada. La segunda opción, demostraría, por un lado, fuerza política; pero, por otro, debilidad institucional.

Hay que tener en cuenta, también, que en el tema económico y logístico; no sé si el gobierno estaría preparado para manejar una compañía como esta. En todo caso, habría que pensar seriamente en estas posibilidades porque, mientras tanto, 3500 familias se están quedando sin sustento económico, la carretera central está bloqueada y se están perdiendo miles de soles en actividad minera en la Oroya. No es para tomarlo a la ligera.

DH





De Hollywood a Nazca: el desastre de la seguridad aeroportuaria

20 06 2010

Como todas las noches, prendo el televisor y me dispongo cómodamente –o casi cómodamente–, a ver las noticias. Pocas veces una noticia me llega a sorprender realmente o llamar la atención de una manera particular; pero, esta vez, fue diferente. El titular decía algo así como “Avioneta que partió de aeródromo de Nazca ha sido secuestrada por banda de narcotraficantes”.

Confieso que esto me sonaba a película de acción hollywoodense –de esas en las que siempre contratan a George Cloony o a Brad Pitt–; tras esta evocación a cine comercial, recordé que horas antes había escuchado por la radio que una avioneta valorizada en más de dos millones de dólares había desaparecido con siete pasajeros más el piloto y el copiloto. ¡Vaya sorpresa!, era la misma que ahora veía en las noticias.
¿Narcotraficantes avezados secuestrando avionetas para luego, probablemente, utilizarlas para transportar droga y dinero mal habido? ¿Cómo y en qué circunstancias puede ocurrir eso? ¿Por qué? Honestamente mi cerebro alberga dos hipótesis acerca de este hecho desafortunado.

Hipótesis uno: El aeródromo de Nazca cuenta con medidas paupérrimas de seguridad (o incluso nulas). No cuenta con suficientes policías en la zona, personal autorizado; y lo peor, con registros estricta e inmaculadamente revisados sobre los pasajeros que suben a las diferentes avionetas. Porque si hubiera existido todo esto, hubiera sido muy difícil (tal vez imposible) que ocurra lo que en efecto ocurrió. Y sé que algunas personas un poco cándidas podrán decir: “Quizás sólo fue un accidente, una infortunada distracción”. Bueno, un “accidente” puede ocurrir una, dos, e incluso tres veces. Pero, en lo que va del año, ya han sido secuestradas (quizás la mejor palabra sea “robadas”), diez avionetas.

Hipótesis dos: Los supuestos siete temerarios narcotraficantes estaban en combinación con las autoridades que se encontraban en el aeródromo a la hora de abordar la avioneta, por eso no les pidieron ni papeles en regla, ni los verificaron en la reniec, ni nada. Esto suena a las películas hollywoodenses que hablé al inicio de este texto ¿no? Sí pues.

Debido a que la hipótesis dos es enfermamente ficticia, me quedaré con la hipótesis uno que, es mi parecer, la más coherente (hasta ahora). Bueno, la realidad es que en el aeródromo de Nazca no existen las adecuadas cámaras de seguridad, las torres de control (ni las avionetas) tienen GPS adecuados. Me pregunto, con tantos avances tecnológicos, un aeródromo que se ubica en uno de los principales destinos turísticos del Perú´, ¿no sería lógico que las autoridades de dicho aeródromo y las autoridades que velan para que el servicio en los aeródromos y aeropuertos sea el más adecuado, se hubieran preocupado tal vez por instalar una mayor cantidad de cámaras de seguridad y un sistema moderno y completo de GPS? Parece que se les olvidó.

Si bien es cierto, esto puede haber sido un gran error; el peor error, creo yo, fue el de no tener un registro completo y comprobado de todos (absolutamente todos) los pasajeros que entran y salen del aeródromo y que suben y bajan de las avionetas.

Basta de tantos errores y desatinos. Primero, se asaltan buses; luego, embarcaciones en la selva y; ahora aviones. ¡Por favor!, la gente día a día se va a sentir más insegura hacia donde voltee. Estamos en un país, que se ha encargado de criticar a la informalidad y a la corrupción, pero que, en situaciones tan elementales como esta, al contrario de luchar contra ella, la provocan. El hecho del robo de estas avionetas, además, afecta directamente al turismo. Supongo que no muchos turistas, luego enterarse de este hecho, les siga provocando mucho conocer las Líneas de Nazca.

Ahora cierro los ojos y pienso: al diablo con los dos millones que cuesta la nave, lo que más lamento es la desaparición del piloto y el copiloto de la avioneta. Sus padres, esposas, hijos, familias. Son dos vidas que no sabemos si seguirán con esa privilegiada condición. Dos personas que, tal vez, estuvieron en el momento y en el lugar incorrecto. Y todo por la inseguridad, por la maldita inseguridad.

DH





Postales Vintage

18 06 2010

El otro día caminaba por el Centro de Lima, y encontré un peculiar personaje que vendía monedas y billetes y cuadros y postales, todo antiguo…Conseguí, este par de postales de los años 30…





Las estatuas

17 06 2010

Lo que un serenazgo de la Plaza Municipal de Barraco vería..

El lugar no tiene, ni paredes, ni techos: es todo a cielo descubierto a la exposición del calor y del frío y de las lluvias y de los globos de agua en carnavales.

Cansado y forzosamente atento, camino por las losas color vino –algo resquebrajadas– en las que suenan, estrepitosamente, los tacones de las mujeres. Atravieso los jardines todos verdes –excepto, por las insignificantes flores rojas que se posesionan del lugar–. Cruzo las bancas vacías –unas más grandes que otras–; en algunas están sentados hombres zambullidos en sus periódicos. Observo los árboles inmensos –unos pomposos, otros marchitos–; las palmeras, con sus formas guitarrescas de hembra y su extremadamente burlona delgadez; y las estatuas, sobre todo las estatuas, que están como fuera de cuadro, son agraciadísimas y de mármol: ángeles bailarines.

La escena es, a menudo, la misma: niños corriendo tras sus pelotas y trompos, trompos y pelotas corriendo atrás de los niños, niños corriendo atrás de sus perros, perros corriendo atrás de los niños. A veces, una que otra pareja agarrados de las manos –con rosa plástica de por medio, por supuesto– atravesando los focos redondos y encendidos de los postes; y unos cuantos turistas ojiverdes hablando en lenguas que no entiendo.

Al fondo –por donde está bien iluminado–, están esos vendedores de chucherías con sus ridículas sombrillas azules. Justo cerca a “La estatua”. Es una mujer de mármol, que se presenta media agachada al fondo de una pileta que pretende ser azul claro. Es perfecta –como esas estatuas romanas que vi, alguna vez, en los libros de historia–. Tiene los pechos descubiertos y una especie de paño que la debería de cubrir toda, pero que, felizmente, no lo hace. Me muestra, coquetamente, sus nalgas, su sensualidad; me almuerza vivo y sin masticarme.

DH





La chica glacial

17 06 2010


En una habitación, aparentemente ociosa y muda; ante una iluminación, aparentemente tenue; ante un olor, aparentemente neutro aparece ella: la chica glacial. Está de perfil, como si no quisiera mostrar su rostro por completo, como si quisiera ocultarse de algunas miradas, como si quisiera esquivar el flash fotográfico.

Su níveo rostro –quizás, enfermamente blanco– aparece en un perfil calmado; contrastante con su hombro, su cuello, y su pecho; que muestran una piel oscurecida por el sol –probablemente del último verano–.

Tardío y ajedrezado, su ojo marrón se asoma. Al parecer, está celosamente atento a algún acontecimiento relevante. Tiene un resguardo rebelde y bizarro: sus pestañas. Ellas se muestran frías y calculadoras, como si tuvieran la certeza de que para siempre se quedarán pegadas, allí, abrigando esas lúcidas pupilas.

Las cejas se dibujan, como en pinceladas de cuadro de Van Gogh: esfumadas, con trazos atormentados. En su nacimiento, están pobladas, marcadamente presentes; en su final, se muestran sutiles, sin tanta acumulación de pelitos exorbitantes y tercamente dispuestos en ese orden.

Menuda, morada y sin ganas de aparecer en la escena, se asoma una nebulosa ojera bajo su ojo atento. Es una extraña ojera. No está dispuesta horizontalmente, como todas las otras ojeras en todos los otros rostros; está, más bien, media vertical: contestataria.

Su nariz aparece rígida, como oliendo a vacío infernal y a silencios intrincados. Sus labios, mansamente rosados, se encuentran como paralizados en el reloj esperando a que alguien apriete el botón de inicio.

Sus cabellos oscuros aparecen algo desordenados y, en ocasiones, se disuelven en su rostro marfil. Un impertinente gancho recoge una parte de ellos, como si ella quisiera dar la apariencia de niña que no es.

Ella no está, ni triste, ni feliz; ni caliente, ni completamente fría; ni iluminada, ni completamente oscura.

DH

PD: la chica de la foto se llama Diana Hidalgo





Periodistas 3.0

12 06 2010

Hace unos días, asistí al conversatorio “Derribando Muros”, a propósito de la publicación del libro “Derribando muros. Periodismo 3.O: Oferta y demanda de comunicación en el Perú de hoy” (escrito por Silvia Miró Quesada, Juan Biondi y Eduardo Zapata).

La conversación fue realmente interesante. Tratamos principalmente los muros que hay que derribar para ingresar por completo a este mundo 3.0; cumpliendo con las necesidades de las diferentes nuevas audiencias en los nuevos escenarios comunicativos.

Electonalidad, escribalidad, nuevas plataformas, nuevos periodistas; algunas de las palabras que se utilizaron repetidamente a lo largo del discurso. Me parece esencial que tanto los profesores de comunicaciones de las diferentes universidades, como las personas que actualmente se encuentran laborando en los medios tradicionales y, sobre todo los estudianets de comunicaciones (especialmente periodistas); se empapen y familiarizen con estas temas.

Porque el mundo de la información y de las comunicaciones ya no es el de antes: todo ha cambiado. Hasta tal punto que en pleno conversatorio levanto la mano y pregunto: ¿Ustedes creen que los periódicos y los libros ya no van a existir más en físico, sólo los vamos a ver y a leer a través de una pantalla electrónica? PAM!: polémica. Y esque algunos escandalizados creen que esta es una pregunta hereje y creen que no; otros creen que tal vez, un poco apenados (me incluyo en ese grupo); y otros dicen que sí, que el contenido será el mismo, que sólo cambiará el formato (osea que con el tiempo, las versiones en físico desaparecerán).

Creo que hay que casarnos con la tecnología y con los nuevos medios; sin embargo, yo nunca podré divorciarme de las tapas de mis libros, de sus páginas, de su olor; tampoco de las hojas cenicientas de mis periódicos. LLámenme bígama si quieren, llámenme romántica y periodista “conservadora”. Si quieren lo soy.

Soy bloguera, twittera y facebookera; pero me sigue gustando el olor de mis libros y de mis periódicos.

DH





Recomendación para leer: Daniel Alarcón

4 06 2010


Confieso que es la primera cosa que leo de este prometedor escritor peruano (realmente joven) y que ha sido elogiado en diversos países. Este cuento me parece tan estrepitosamente reflejo de Lima, la Lima en la que vivimos. Esa Lima de tumulto, de protestas, de migrantes, de ricos, de pobres, de cds pirata, pirañitas y puesto de comida al paso. Esa, nuestra Lima. Altamente recomendable. Aquí una reseña:

En “Ciudad de payasos”, Óscar es un joven periodista, hijo de una empleada doméstica y un ladrón, que recorre Lima vestido de payaso (para un artículo) y va recordando los episodios más tristes y humillantes de su vida, como cuando ayudaba a su padre a asaltar las casas de sus compañeros de escuela.

Este cuento, uno de los más extensos, muestra claramente algunas de las virtudes literarias de Alarcón, como la economía y precisión en sus descripciones, ya sea de la ciudad (no cae en el despliegue costumbrista de algunos narradores limeños) o de las emociones y estados de ánimo de sus personajes. No incurre, tampoco, en maniqueísmos de ningún tipo, y los lectores podemos advertir nobleza y dignidad tanto en los personajes pobres (Carmela), en los ricos (Azcárate) y hasta en delincuentes como el padre de Óscar. En los cuentos “yanquis” (“Suicidio”, “Florida”, “Ausencia”) el destierro y la soledad de los personajes son tratados sin efectismos y de un modo que remite a referentes literarios estadounidenses.

Fuente: libros peruanos








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