Como todas las noches, prendo el televisor y me dispongo cómodamente –o casi cómodamente–, a ver las noticias. Pocas veces una noticia me llega a sorprender realmente o llamar la atención de una manera particular; pero, esta vez, fue diferente. El titular decía algo así como “Avioneta que partió de aeródromo de Nazca ha sido secuestrada por banda de narcotraficantes”.
Confieso que esto me sonaba a película de acción hollywoodense –de esas en las que siempre contratan a George Cloony o a Brad Pitt–; tras esta evocación a cine comercial, recordé que horas antes había escuchado por la radio que una avioneta valorizada en más de dos millones de dólares había desaparecido con siete pasajeros más el piloto y el copiloto. ¡Vaya sorpresa!, era la misma que ahora veía en las noticias.
¿Narcotraficantes avezados secuestrando avionetas para luego, probablemente, utilizarlas para transportar droga y dinero mal habido? ¿Cómo y en qué circunstancias puede ocurrir eso? ¿Por qué? Honestamente mi cerebro alberga dos hipótesis acerca de este hecho desafortunado.
Hipótesis uno: El aeródromo de Nazca cuenta con medidas paupérrimas de seguridad (o incluso nulas). No cuenta con suficientes policías en la zona, personal autorizado; y lo peor, con registros estricta e inmaculadamente revisados sobre los pasajeros que suben a las diferentes avionetas. Porque si hubiera existido todo esto, hubiera sido muy difícil (tal vez imposible) que ocurra lo que en efecto ocurrió. Y sé que algunas personas un poco cándidas podrán decir: “Quizás sólo fue un accidente, una infortunada distracción”. Bueno, un “accidente” puede ocurrir una, dos, e incluso tres veces. Pero, en lo que va del año, ya han sido secuestradas (quizás la mejor palabra sea “robadas”), diez avionetas.
Hipótesis dos: Los supuestos siete temerarios narcotraficantes estaban en combinación con las autoridades que se encontraban en el aeródromo a la hora de abordar la avioneta, por eso no les pidieron ni papeles en regla, ni los verificaron en la reniec, ni nada. Esto suena a las películas hollywoodenses que hablé al inicio de este texto ¿no? Sí pues.
Debido a que la hipótesis dos es enfermamente ficticia, me quedaré con la hipótesis uno que, es mi parecer, la más coherente (hasta ahora). Bueno, la realidad es que en el aeródromo de Nazca no existen las adecuadas cámaras de seguridad, las torres de control (ni las avionetas) tienen GPS adecuados. Me pregunto, con tantos avances tecnológicos, un aeródromo que se ubica en uno de los principales destinos turísticos del Perú´, ¿no sería lógico que las autoridades de dicho aeródromo y las autoridades que velan para que el servicio en los aeródromos y aeropuertos sea el más adecuado, se hubieran preocupado tal vez por instalar una mayor cantidad de cámaras de seguridad y un sistema moderno y completo de GPS? Parece que se les olvidó.
Si bien es cierto, esto puede haber sido un gran error; el peor error, creo yo, fue el de no tener un registro completo y comprobado de todos (absolutamente todos) los pasajeros que entran y salen del aeródromo y que suben y bajan de las avionetas.
Basta de tantos errores y desatinos. Primero, se asaltan buses; luego, embarcaciones en la selva y; ahora aviones. ¡Por favor!, la gente día a día se va a sentir más insegura hacia donde voltee. Estamos en un país, que se ha encargado de criticar a la informalidad y a la corrupción, pero que, en situaciones tan elementales como esta, al contrario de luchar contra ella, la provocan. El hecho del robo de estas avionetas, además, afecta directamente al turismo. Supongo que no muchos turistas, luego enterarse de este hecho, les siga provocando mucho conocer las Líneas de Nazca.
Ahora cierro los ojos y pienso: al diablo con los dos millones que cuesta la nave, lo que más lamento es la desaparición del piloto y el copiloto de la avioneta. Sus padres, esposas, hijos, familias. Son dos vidas que no sabemos si seguirán con esa privilegiada condición. Dos personas que, tal vez, estuvieron en el momento y en el lugar incorrecto. Y todo por la inseguridad, por la maldita inseguridad.
DH
SocialVibe