El pisco es peruano!…el espía también!

18 11 2009

Cuando crees saber todo lo que es capaz de hacer el ser humano para obtener dinero y te encuentras con noticias como esta te da asco. Y esque sí da asco, da asco vender a tu país por tres mil dólares…traicionar…expiar…¿en qué estaba pensando? ¿en qué estabas pensando Víctor Ariza? ¿estabas pensando?
Es cierto que todos nos podemos equivocar…ojalá el pueda aprender de su error y realmente arrepetirse, eso sí, con un buen castigo en la cárcel.

Y los chilenos, qué cosa quieren los chilenos, robarse más territorio peruano?..adueñarse del pisco? de la diablada?..para que guerra!..para qué armas…quien los entiende.
Vivimos en un mundo y en una sociedad de locos!

Aquí algunas reacciones de la gente ante esta noticia:

http://elcomercio.pe/noticia/370260/caso-espia-peruano-inunda-calles-lima-indignacion

cambio y fuera :)





El cielo de Cuzco

18 11 2009

Algunas fotos que tomé cuando estuve en Cuzco en mayo del año pasado…lugar maravilloso

cambio y fuera :)





El café ya no me hace efecto…

18 11 2009

LLevar clase de estadística a las ocho de la mañana realmente es un reto, tienes que luchar cada segundo que pasa para no terminar desparramado y dormido en la carpeta. Hace 3 semanas empecé a tomar café antes de entrar a la clase para no dormirme, al comienzo hacía efecto, pero últimamente no. Así que dije a la mierda! esto no sirve más, me pronde a escribir y ya fue la clase…y esto fue una de las cosas que salió:

Anulación

Ser tú, ser yo…ser…hacer
¿quién ser?
Ser yo, ser tú…ser los dos
Cómo ser yo sin ser tú
Cómo ser tú sin ser yo
Como olvidarme del yo para ser tú
¿Olvidarme del yo, olvidarme de mí?
¿Olvidarme de tú, olvidarme de tí?
¿A quién olvidar?, ¿Al yo, al tú?
¿A mí, a tí?, ¿A quién?
Ser tú o ser yo
Seremos los dos…seremos nadie
anulación feroz

cambio y fuera :)

pd: foto tomada por mí en verano, por ahí en un parque (también me gusta mucho la fotografía)





Infaltable

18 11 2009

Otra canción infaltable…me encanta!

Ojalá regrese el otro año para dar otro concierto (no pude ir al último :/)

cambio y fuera :)





Algo que escribí para filosofía…

18 11 2009

Este es un pequeño relato inspirado en: “¡Nunca iré a América Latina!” y “Del Pato Donald a Thomas Berhard” (ambos de Michéle Petit), “Los cinco sentidos” de Michel Serres; Muchona, el aberrojo de Victor Turner y, por último en “El segundo sexo” de Simone de Beauvoir; en el que busco contar mis experiencias con el mundo: en los sentidos, en mi pasión: leer y escribir y en mi vida como mujer.

El primer libro que mis pequeñas manos tocaron cuando tenía apenas unos seis años fue Ricitos de oro y los tres ositos, tal vez uno de los típicos libros infantiles que alguien puede leer. Debo confesar que lo que más me interesó de este libro eran los dibujos y la textura del libro (eran de esos libros acolchonaditos y en alto relieve), y a pesar de que yo sabía leer, abría una y otra vez el libro no precisamente para leer la historia (que me la sabía de memoria) sino para ver los dibujos y tocarlos. Sensorialmente ese libro fue trascendental en mi vida, pero intelectualmente e ideológicamente hablando, tal vez no mucho.

De pequeña siempre fui muy curiosa, disfrutaba de preguntar por qué y por qué y por qué, quería saber todo acerca del mundo y de la gente que me rodeaba (en ese momento todavía no había descubierto el poder de los libros, eso lo vine a descubrir un poco más adelante). Entonces llegó a mis ocho años El caballero Carmelo del gran Abraham Valdelomar, lo abrí y no pude dejar de leerlo hasta que llegué al final y estallé en llanto cuando el gallo Carmelo, el compañero de toda la familia, murió, no lo podía comprender, para mi era tan injusta su muerte. Este libro me marcó, si bien es cierto no me convenció de que la lectura era mi pasión, estoy segura de que este fue el comienzo.

Luego vino una etapa de receso como lectora, leía pero cosas intrascendentales para mi vida, leí a Jack London, Jonathan Swift, un poco de Julio Verne (en realidad lo odié y odié mas aún que en el colegio me obliguen a leerlo). En esta etapa estaba desencantada de la lectura, habré tenido unos doce o trece años, esta etapa fue extraña, hasta llegué a odiar el curso de lengua y a gustarme las matemáticas (algo ahora impensable para mí). Felizmente esta era tan solo una etapa de tránsito, metafóricamente la podría denominar como una zona liminal, como en la que se encontraba Muchona, el gran amigo de Turner. Yo no estaba ni fuera de la lectura, de los libros (después de leer el Caballero Carmelo, esto era prácticamente imposible), pero tampoco estaba completamente dentro, aún no estaba inmersa en este mundo: aún no había descubierto que leer era una de mis grandes pasiones.

Pero todo cambió cuando entré a tercero de secundaria, me comenzó a encantar la literatura, cada vez quería saber más y más acerca de los escritores, de su vida, leer sus libros. Esta etapa que abarca desde que estuve en tercero de secundaria en el colegio hasta que estuve en quinto la llamo: la etapa del cuasi total descubrimiento de mí misma (y digo cuasi porque reconozco que a los diecisiete años aún me queda largo camino por recorrer en esta gran villa a la que conocemos como vida) y etapa de descubrir al mundo.

Esta etapa es una de las más bonitas y provechosas que viví hasta ahora. Leí mucho, pero mucho: Oscar Wilde, Federico García Lorca, Iván Turgeniev, Camilo Cela, Fedor Dowstoieski, Alejandro Dumas, Edgar Allan Poe, Bécker, Arturo Pérez Reberte, Calderón de la barca, Cervantes, Bryce Echenique, Shakespeare, Dante Alligeri, Moliere, Goethe, Kafka, Joyce, Hemingway, Jean Paul Sartre, Tenesse Williams, Jean Genet, Nietszche, Vallejo, Neruda, Jose Carlos Mariátegui, Julio Ramón Rybeiro, Blanca Varela, Isabel Allende. Quedé encantada, la verdad no leí ni la mitad de lo que hubiera querido leer de todos estos escritores, me parecieron geniales. Leer me hacía sentir bien, me entretenía, me hacía sentir que tocaba el mundo.

En los comienzos de esta etapa uno de los libros que más me gusto e interesó fue El Capitán Alatriste de Arturo Pérez Reberte, era un libro muy aventurero, de rápida lectura, con mucha acción, espadas por aquí, espadas por allá; todos decían que era un libro “para hombres”, a la mayoría de mis amigas no les gustaba, a mi esas cosas siempre me parecieron tonterías, eso de esto es “para hombres” y esto “para mujeres”.

Desde pequeña veía que en mi familia también se hacían estas distinciones, que mis tías, mis abuelas, eran un poco abnegadas y hacían caso en todo a sus esposos. Cuando tuve conciencia de ello, nunca me pareció bien. Recuerdo que una vez leí el DNI de mi mamá y vi que firmaba como: Marita de Hidalgo, y yo le dije mami tu no eres de nadie, como puedes ser de alguien, porque ese de, de hidalgo, de tu esposo; le dije mami no me gusta y ella se rió. Yo siempre fui independiente, me enorgullecía de serlo, y más allá de eso, siempre me sentí orgullosa de ser mujer, nunca me sentí de menos. Y pensaba que cuando yo me case algún día nunca me pondría un “de juanito”o “de pepito”, siempre sería yo misma y buscaría un complemento en la otra persona. Cuando hace poco leí a Simone de Beauvoir sentí dos cosas: cierta pena por que algunas mujeres se han dejado pisotear a través de tantos años de la historia (creo que esto principalmente se da por las costumbres y tradiciones erróneas que se pasan de generación en generación, por eso es bueno cuestionar lo que te intentan enseñar y no simplemente aceptarlo porque “así se usa” o “así lo hizo tu abuela”, etc.) , y también alegría porque nunca estuve dentro de ese saco (y afortunadamente tampoco lo estaré nunca).

Volviendo al tema de los libros y de esta nueva etapa en mi vida, sin lugar a dudas todos esos libros leídos cambiaron mi forma de ver el mundo, de percibirlo, de sentir la vida, mi forma de ser; me sentía mucho mas perceptiva, más instruida, sentía que sabía muchas cosas del mundo, y lo mejor de todo era que quería saber más. En cuarto de secundaria mi profesora de Lenguaje estaba haciendo una clase de la literatura simbolista: entonces conocí a Rimbaud y Baudelaire (conocidos como los poetas malditos), ella comentó acerca de un libro de Rimbaud Una temporada en el infierno, dijo: un alumno del quinto de secundaria hace muchos años lo leyó y se volvió medio loco, se aisló de todos, se volvió extraño, chicos no lo lean.

Automáticamente salí a buscar ese libro (como era de esperarse en mi, por naturaleza soy demasiado curiosa y un “no hagas esto” para mi es una cordial invitación a descubrir algo nuevo e interesante). Entonces lo encontré, lo leí, y me cambió la vida. Era un libro tan oscuro, tan chocante y tan fascinante a la vez, sumamente expresivo; la cuestión es que con el reflexioné mucho acerca de la vida, de la muerte y sobre el ser humano. Luego empecé a leer poemas de Baudelaire (me encantaron).

Hasta este punto amaba la literatura, amaba los libros, me encantaba leerlos. Y sucedió algo trascendental en mi vida: conocí a Gabito (Gabriel García Márquez), mi escritor favorito de todos y de todos los tiempos. Primero con Crónica de una muerte anunciada, luego leí El amor en los tiempos del cólera, Doce cuentos peregrinos y Cien años de soledad. Me enamoré de García Márquez, me enamoré de la literatura definitivamente, aquí descubrí que era una de mis grandes pasiones. Tanto El amor en los tiempos del cólera como Cien años de soledad, me cambiaron la vida, viví cada momento de las historias, lloré, me reí, sonría, me asombraba, me sentía en Macondo, me sentía Fermina Daza, Aureliano Buendía ; el realismo mágico me atrapó por completo. Quedé fascinada, encantada, me sentía feliz.

Y luego mis más recientes hallazgos fueron: Rayuela de Júlio Cortázar y Así habló Zaratustra de Nietsche. Ambos sumamente interesantes. El primero fue una de las novelas más extrañas y creativas que he leído en mi vida, me encantó y me motivó a seguir escribiendo. El segundo me hizo sentir que no era la única loca en el mundo y que ser loca de repente no está tan mal, me reconfortó saber que hay alguien más que piensa como yo, y también hizo incrementar mi gusto e interés por la filosofía (anteriormente había leído a Kant y a Hegel).

Ya cuando entré a la universidad empecé a leer nuevos libros, nuevos autores: Gustavo Rodríguez, Rolando Arellano, Nelson Manrique, Emerson, Platón, Gorgias, Hobsbawm, Michéle Petit, entre otros (mencioné los que más me gustaron). Aprendí mucho, con ellos sabía más del mundo, de las personas.

Paralelo a la lectura, a lo largo de esta etapa de descubrimiento de mí misma y del mundo, comencé a escribir: escribía poemas, cuentos, e incluso comencé a escribir una novela, escribía cada vez que me daba ganas, era una distracción para mí, un escapar de la cotidianeidad de la vida. Escribir era una experiencia ultrasensorial para mí: primero porque siempre que quería escribir tenía que sentirme cómoda (me ponía pijama o alguna ropa de textura suave), tenía que observar que en mi cuarto todo esté en orden, que esté a media luz (así me inspiraba mucho mejor), mi espalda tenía que sentir una almohada blanda, reposarse en ella; y mi piel tenía que sentir el lapicero, la hoja de papel con esa textura tan particular; incluso a veces me era útil comer un chocolate (ese sabor me inspiraba para escribir). Luego, podía cerrar los ojos y todas las ideas se acumulaban en la cabeza y querían salir, pasar el conducto del cerebro, llegar al hombro, a los brazos, atravesar mis venas, llegar a mi mano, a mis dedos y mágicamente darle el impulso al lapicero que inerte esperaba el aviso de la luz, de la creación. Algo mágico.

De hecho, me encanta escribir, es otra de mis grandes pasiones, con ello expreso lo que yo creo que es el mundo. Y es aquí en donde quiero resaltar la importancia de los sentidos en la vida del ser humano. Porque uno escribe lo que percibe, lo que sabe, pero no sólo lo sabe porque lo lee sino porque lo ve, porque lo siente, porque lo prueba, porque lo escucha, porque lo huele. Uno lee lo que otro percibió del mundo a través de los sentidos, y de esa manera se hace una idea propia del mundo. Pero todo comienza con los sentidos, y es cierto que a veces los libros te hacen sentir, y esos son los mejores, los que te hacen ver claramente las imágenes, tocar lo que hay en la historia, oler cómo huelen los personajes, etc.

Leer un buen libro te hace percibir el mundo, pero la mejor manera de conocerlo es tocándolo con tus propias manos, así puedes comprobar lo que leíste y conectarte con ello de una manera más íntima. Por eso una forma de aprendizaje y de conocimiento ideal creo que sería combinando las ideas de Michéle Petit (sobre la importancia y el poder de los libros) y las ideas de Michel Serres (sobre la importancia de los sentidos y del cuerpo). Fusionando éstas dos ideas y viviéndolas se puede entender mejor al mundo y a las personas.

Luego de decir todo lo que he dicho hasta ahora es inevitable recordar que nunca fue fácil llevar mis dos grandes pasiones (la literatura y escribir) e incluso mi interés y gusto siempre presente por la filosofía y la política, la verdad sentía que muy pocas personas entendían esta parte de mí. Me sentía como Muchona: “Lo que lo apenaba era no poder comunicar ya más sus ideas a alguien que fuera capaz de entenderlas. El filósofo tenía que volver de nuevo al mundo que sólo podía aceptarlo como doctor-brujo”, a veces sentía que me miraban como un bicho raro porque me gustaba tanto la literatura, la filosofía, y todas esas cosas “serias” y “aburridas”; la gente se sorprendía y decían: “Tan chiquita lees a Rimbaud, a Baudelaire, a Nietzsche”.

Muchas veces sentí que no podía hablar con nadie de estos temas, me sentía sola, aburrida, muy pocas son las personas que encontré con las que me sentía cómoda discutiendo acerca de quien se ganó el novel o acerca de Zaratustra, acerca del comunismo, del socialismo, de Rayuela, de Macondo, etc. Y cuando las encontré me sentí como se sintió Muchona cuando encontró a Turner, cuando por fin se pudo mostrar como filósofo en todo su esplendor y no solo como doctor brujo, cuando por fin pudo sentir que lo entendían. Me sentí mejor, pero lamentablemente esto sucedía pocas veces, así que tenía que ser simplemente la “Diana común”, la Diana que va a fiestas y al cine, que le gusta bailar, que se ríe, la que respira. Y no podía ser la Diana que ama la literatura, que ama escribir, que le gusta la filosofía y la política. Son contadas con los dedos las personas que pudieron comprender esto.

Pero no me quejo, en realidad siempre me sentí muy bien, feliz, haciendo lo que me gusta, feliz de ser Diana, feliz de ser mujer, feliz de sentir al mundo, de que me guste la literatura, la filosofía, feliz de escribir, de tocar, de oler y probar todo; feliz de conocer al mundo cada vez más y más.

Para terminar, quisiera decir que a lo largo de mi vida (de mis diecisiete años y medio de vida) he aprendido a sentir al mundo, a conocerlo, a tratar de entender la psicología humana, los libros por supuesto fueron un gran instrumento para ello, pero fundamentalmente utilicé mis sentidos para hacerlo. Me reconozco como una apasionada de la literatura, por eso leo, leo mucho, pero también escribo. En unos años seré periodista, escribiré en diarios, haré crónicas, trataré de expresar la realidad con mis palabras; y algún día también publicaré mis libros y quisiera que al leerlos la gente se sienta bien, se entretenga, y sobre todo que con mis libros pueda encontrar una manera de conocer y percibir al mundo que los rodea. Leer es como sentir, pero sentir es mucho más que sólo leer.





Revista

5 11 2009

Aquí esta la revista terminada de la primera temporada de la historia

cambio y fuera :)





Recomendación para leer 3

3 11 2009

2719967984_684d6faafc_oExtracto de rayuela (Julio Cortázar)

¿Qué es en el fondo esa historia de encontrar un reino milenario, un edén, un otro mundo? Todo lo que se escribe en estos tiempos y que vale la pena leer está orientado hacia la nostalgia. Complejo de la Arcadia, retorno al gran útero, back to Adam, le bon sauvage (y van…), Paraíso perdido, perdido por buscarte, yo, sin luz para siempre… Y dale con las islas (cf. Musil) o con los gurús (si se tiene plata para el avión Paris-Bombay) o simplemente agarrando una tacita de café y mirándola por todos lados, no ya como una taza sino como un testimonio de la inmensa burrada en que estamos metidos todos, creer que ese objeto es nada mas que una tacita de café cuando el mas idiota de los periodistas encargados de resumirnos los quanta, Planck y Heisenberg, se mate explicándonos a tres columnas que todo vibra y tiembla y está como un gato a la espera de dar el enorme salto de hidrógeno o de cobalto que nos va a dejar a todos con las patas pare arriba. Grosero modo de expresarse, realmente.

La tacita de café es blanca, el buen salvaje es marrón, Planck era un alemán formidable. Detrás de todo eso (siempre es detrás, hay que convencerse de que es la idea clave del pensamiento moderno) el Paraíso, el otro mundo, la inocencia hollada que oscuramente se busca llorando, la sierra de Hurqalya. De una manera u otra todos la buscan, todos quieren abrir la puerta pare ir a jugar. Y no por el Edén, no tanto por el Edén en si, sino solamente por dejar a la espalda los aviones a chorro, la cara de Nikita o de Dwight o de Charles o de Francisco, el despertar a campanilla, el ajustarse a termómetro y ventosa, la jubilación a patadas en el culo (cuarenta años de fruncir el baste pare que duela menos, pero lo mismo duele, lo mismo la punta del zapato entra cada vez un poco mas, a cada patada desfonda un momentito mas el pobre culo del cajero o del subteniente o del profesor de literatura o de la enfermera), y decíamos que el homo sapiens no busca la puerta para entrar en el reino milenario (aunque no estaría nada mal, nada mal realmente) sino solamente para poder cerrarla a su espalda y menear el culo como un perro contento sabiendo que el zapato de la puta vida se quedo atrás, reventándose contra la puerta cerrada, y que se puede ir aflojando con un suspiro el pobre botón del culo, enderezarse y empezar a caminar entre las florcitas del jardín y sentarse a mirar una nube nada mas que cinco mil años, o veinte mil si es posible y si nadie se enoja y si hay una chance de quedarse en el jardín mirando las florcitas.

De cuando en cuando entre la legión de los que andan con el culo a cuatro manos hay alguno que no solamente quisiera cerrar la puerta para protegerse de las patadas de las tres dimensiones tradicionales, sin contar las que vienen de las categorías del entendimiento, del mas que podrido principio de razón suficiente y otras pajolerias infinitas, sino que además estos sujetos creen con otros locos que no estamos en el mundo, que nuestros gigantes padres nos han metido en un corso a contramano del que habrá que salir si no se quiere acabar en una estatua ecuestre o convertido en abuelo ejemplar, y que nada esta perdido si se tiene por fin el valor de proclamar que todo esta perdido y que hay que empezar de nuevo como los famosos obreros que en 1907 se dieron cuenta una mañana de agosto de que el túnel del Monte Brasco estaba mal enfilado y que acabarían saliendo a mas de quince metros del túnel que excavaban los obreros yugoslavos viniendo de Dublivna. ¿Qué hicieron los famosos obreros? Los famosos obreros dejaron como estaba su túnel, salieron a la superficie, y después de varios días y noches de deliberaron en diversas cantinas del Piemonte, empezaron a excavar por su cuenta y riesgo en otra parte del Brasco, y siguieron adelante sin preocuparse de los obreros yugoslavos, llegando después de cuatro meses y cinco días a la parte sur de Dublivna, con no poca sorpresa de un maestro de escuela jubilado que los vio aparecer a la altura del cuarto de baño de su casa. Ejemplo loable que hubieran debido seguir los obreros de Dublivna (aunque preciso es reconocer que los famosos obreros no les habían comunicado sus intenciones) en vez de obstinarse en empalmar con un tunel inexistente, como es el caso de tantos poetas asomados con mas de medio cuerpo a la ventana de la sale de estar, a altas horas de la noche.

Y así uno puede reírse, y creer que no esta hablando en serio, pero si se esta hablando en serio, la risa ella sola ha cavado mas túneles útiles que todas las lágrimas de la tierra, aunque mal les sepa a los cogotudos empecinados en creer que Melp6mene es mas fecunda que Queen Mab. De una vez por todas seria bueno ponernos de desacuerdo en esta materia. Hay quizá una salida, pero esa salida debería ser una entrada. Hay quizá un reino milenario, pero no es escapando de una carga enemiga que se tome por asalto una fortaleza. Hasta ahora este siglo se escape de montones de cosas, busca las puertas y a veces las desfonda. Lo que ocurre después no se sabe, algunos habrán alcanzado a ver y han perecido, borrados instantáneamente por el gran olvido negro, otros se han conformado con el escape chico, la casita en las afueras, la especializaci6n literaria o científica, el turismo. Se planifican los escapes, se los tecnologiza, se los arma con el Modulor o con la Regla de Nylon. Hay imbéciles que siguen creyendo que la borrachera puede ser un metodo, o la mescaline o la homosexualidad, cualquier cosa magnifica o inane en sí pero estúpidamente exaltada a sistema, a llave del reino. Puede ser que haya otro mundo dentro de este, pero no lo encontraremos recortando su silueta en el tumulto fabuloso de los diez y las vidas, no lo encontraremos ni en la atrofia ni en la hipertrofia. Ese mundo no existe, hay que crearlo como el fénix. Ese mundo existe en este, pero como el agua existe en el oxigeno y el hidrogeno, o como en las paginas 78, 457, 3, 271, 688, 75 y 456 del diccionario de la Academia Española esta lo necesario pare escribir un cierto endecasílabo de Garcilaso. Digamos que el mundo es una figure, hay que leerla. Por leerla entendamos generarla. ¿A quién le importa un diccionario por el diccionario mismo? Si de delicadas alquimias, osmosis y mezclas de simples surge por fin Beatriz a orillas del río, ¿cómo no sospechar maravilladamente lo que a su vez podría nacer de ella? Que inútil tarea la del hombre, peluquero de si mismo, repitiendo hasta la nausea el recorte quincenal, tendiendo la misma mesa, rehaciendo la misma cosa, comprando el mismo diario, aplicando los mismos principios a las mismas coyunturas. Puede ser que haya un reino milenario, pero si alguna vez llegamos a el, si somos el, ya no se llamara así. Hasta no quitarle al tiempo su látigo de historia, hasta no acabar con la hinchazón de tantos hasta, seguiremos tomando la belleza por un fin, la paz por un desideratum, siempre de este lado de la puerta donde en realidad no siempre se esta mal, donde mucha gente encuentra una vida satisfactoria, perfumes agradables, buenos sueldos, literatura de alta calidad, sonido estereofónico, y por qué entonces inquietarse si probablemente el mundo es finito, la historia se acerca al punto optimo, la raza humana sale de la edad media pare ingresar en la era cibernética. Tout va tres bien, madame la Marquise, tout va tres bien, tout va tres bien.

Por lo demás hay que ser imbécil, hay que ser poeta, hay que estar en la luna de Valencia para perder mas de cinco minutos con estas nostalgias perfectamente liquidables a corto plazo. Cada reunión de gerentes internacionales, de hombres-de-ciencia, cada nuevo satélite artificial, hormona o reactor atómico aplastan un poco mas estas falaces esperanzas. E1 reino será de material plástico, es un hecho. Y no que el mundo haya de convertirse en una pesadilla orwelliana o huxleyana; será mucho peor, sera un mundo delicioso, a la medida de sus habitantes, sin ningún mosquito, sin ningún analfabeto, con gallinas de enorme tamaño y probablemente dieciocho patas, exquisitas todas ellas, con cuartos de baño telecomandados, agua de distintos colores según el día de la semana, una delicada atención del servicio nacional de higiene, con televisión en cada cuarto, por ejemplo grandes paisajes tropicales pare los habitantes del Reijavik, vistas de igloos pare los de La Habana, compensaciones sutiles que conformaran sodas las rebeldías, etcétera.

Es decir un mundo satisfactorio pare gentes razonables.

¿Y quedará en el alguien, uno solo, que no sea razonable?

En algún rincón, un vestigio del reino olvidado. En alguna muerte violenta, el castigo por haberse acordado del reino. En alguna risa, en alguna lagrima, la sobrevivencia del reino. En el fondo no parece que el hombre acabe por matar al hombre. Se le va a escapar, le va a agarrar el timón de la maquina electrónica, del cohete sideral, le va a hacer una zancadilla y después que le echen un galgo. Se puede matar todo menos la nostalgia del reino, la llevamos en el color de los ojos, en cada amor, en todo lo que profundamente atormenta y desata y engaña. Wishful thinking, quizá; pero esa es otra definición posible del bípedo implume.

Uno de mis libros favoritos, quizás el más extraño y fuera de lo convencional de todos los que he leído. Vale la pena leerlo

cambio y fuera :)








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